jueves, octubre 02, 2008

Ecnomía Casino y Estado de Excepción

El Margen


Economía Casino y Estado de Excepción
Salvador Rivera
De acuerdo con informes estadísticos más o menos confiables, es posible suponer una estrecha relación de causatividad entre los así llamados “juegos de azar” y el uso de la violencia extrema. Así por ejemplo, según estudio publicado por la Review Economics and Statistics, para el años 2007 la proliferación del juego de casino en Estados Unidos habría traído aparejado un aumento de los casos criminales hasta del 8%.

El juego de casino, además de ser una práctica humana extraordinariamente lucrativa, constituye el espacio económico en cuyo interior el dinero cobra plena autonomía. Un poco de dinero basta. Sin el concurso de mediación alguna (fábricas, empleados, infraestructura productiva, instituciones educativas, centros de innovación tecnológica, etc., etc., etc.,); desde este insignificante mazo de dinero emanará –si se corre con suerte- miles, millones, miles de millones de veces su propia cantidad original, y todo, por intermediación de un “dado”. Es, el juego de casino, un acto de magia: D-D’, es decir: dinero que produce más dinero.


Michael Hudson, un economista que trabajó durante varios años en la Wall Street además de especializarse en asuntos relacionados con balanza de pagos y bienes inmobiliarios, nos explica cómo es que funciona la economía de casino. Hay, nos dice, una mesa en el casino, una mesa reservada para los muy ricos y la banca de inversión; en dicha mesa, todo el dinero que se juega es prestado. Enormes sumas de dinero que se toman de los prestamistas (ahorro bancario para la jubilación y la vivienda, principalmente) son destinadas para la conformación de un “fondo de libre inversión” o “fondo hedge”, que a su vez, sirve para respaldar todas las apuestas de los participantes y garantizar, si se da el caso, disposición ilimitada de crédito. Pero, ¿cómo y qué se apuesta en la mesa de los super-magnates? Bien, cada participante cuenta con un selecto equipo de matemáticos que sirve de programador computacional para minimizar riesgos en el peligroso campo de las apuestas cruzadas (straddles). Apuestas cruzadas que se hacen, no, desde luego, sobre la producción de bienes y servicios o la adquisición de activos reales, sino que, muy por el contrario, única y exclusivamente sobre el comportamiento de las tasas de interés, las diferentes tasas cambiarias y el precio de las acciones y las obligaciones (o los precios de las hipotecas empaquetados por los bancos). Este juego, advierte Hudson, se desarrolla en milisegundos, como fogonazos en pantalla, prácticamente sin intervención humana. “Lo único que importa es ganar dinero, en un mercado en el que el grueso de las operaciones comerciales dura apenas unos segundos. Lo que genera ganancias es la fibrilación de los precios, su volatilidad” (Hudson, Michael, 2008a).


Se trata pues de un juego Suma Cero. Tal y como los mercantilistas de los siglos XVI y XVII, quienes operaban a partir del supuesto que toda riqueza estaba contenida de una vez y para siempre en la dotación de metales precioso, los tahures del casino Wall ven en el dinero, pero más particularmente, en la anticipación de sus erráticos movimientos, la fuente originaria de toda ganancia. Es el “fibrilar de los precios”, su extremada “volatilidad”, lo que configura el entramado de los beneficios, por lo que, para hacerse de ellos, no basta con una “corazonada” al estilo de los viejos industriales de la época del baby boom, sino que hará falta ahora la intervención de super-computadoras con capacidad de efectuar los cálculos de distribución de probabilidad matemática a partir de la observación de variaciones ínfimas en las tasas de interés, las diversas paridades cambiarias, así como de los precios de las acciones.

Desde luego que el tahur no se conforma con el simple papel de espectador. El tahur hace, a partir de sus propios cálculos, todo lo que esté a su alcance por modificar a su favor el comportamiento de los precios y variables clave de la economía, con el propósito de ganar él y hundir al oponente, o si se prefiere, de hundir al oponente para ganar él. Porque la disposición del juego de casino es la misma disposición que conlleva la guerra: la victoria de una de las partes exige, necesariamente, la supresión de la fuerza antípoda. No existe forma de incrementar la ganancia sino es a costa del despojo de la ganancia ajena. La violencia pues, es parte del juego. Aquí, sin violencia expropiatoria no puede haber ganancia.


Pero éste, en realidad, es el fin del relato. La historia se remonta tanto tiempo atrás, como desde el día en que el primer capitalista quiso imaginar que sus ganancias, más que descansar sobre la apropiación del trabajo ajeno, provenían, íntegras, de la remuneración que la sociedad debía pagar por concepto del riesgo implícito de su propia inversión. Así, mientras más inexplorado y por ello, más atractivo el campo de transacción, mayor debería ser el riesgo, mayor la velocidad de reembolso y, mayor también, la tasa de ganancia. Desde la producción de bienes y servicios en tiempo presente, los capitales se desplazaban al terreno de los préstamos con interés; de aquí, hasta la adquisición de activos reales; después, hacia la compra y venta de bienes, servicios, préstamos, deudas y activos en tiempo futuro; más adelante, hacia la apuesta sobre la oscilación en las tasas de interés y los tipo de cambio (carry trade); para al final, jugar capitales sobre el comportamiento de las acciones y los precios, pero ahora, sobre “productos” apenas expresable en palabras, se trata, nos dice Hudson, de algo que no pude ser definido ni como capital tangible, ni como capital financiero, sino como opciones de estrategia bursátil sobre operaciones de compraventa cruzada de valores (Hudson, 2008b. Es decir, inversión con fondos “prestados” sobre simulacros de valor, inmensos apilamientos de apuestas sobre apuestas que dan como resultado “productos altamente sofisticados y automatizados”, cuya naturaleza última resulta ser un misterio absolutamente impenetrables hasta para los propios inversores.


Una expansión del capital que termina por abarcarlo todo. Los espacios de lo real y de lo irreal, hasta sus más insospechados intersticios, son incluidos, tasados como mercancías y puestos para su exhibición en los minimalistas aparadores de la Matrix. Tal como en el Barroco, donde una buena parte del imaginario precapitalista habría sido convertido en piedras para su posterior adoración, la expansión del capital durante la era posmoderna ha significado un vaciamiento, la constitución de un lugar en el que “...el más allá queda vaciado de todo aquello en lo que aún se manifiesta un mínimo respiro del mundo” (Benjamín, W., 1990). Y un lugar desprovisto de más allá en el que por añadidura, la única fuente de riqueza descansa sobre la práctica desenfrenada del pillaje, no podrá ser viable sino a condición de desenvolverse en el vacío, pero esta vez, en el vacío jurídico, lo cual quiere decir: estado de excepción.



Cuando en le año de 1933 Franklin Delano Roosevelt asume la presidencia de los Estados Unidos y encara la crisis bursátil del 29, lo hace investido de un poder ilimitado de reglamentación y de control sobre cualquier aspecto de la vida económica. En este sentido, el poder soberano del presidente se funda esencialmente sobre un estado de excepción ligado a una situación de emergencia económica (Agamben, G.). Pero no es, desde luego, que el estado de excepción se haya decretado a partir del arribo de Franklin Delano Roosevelt a la presidencia de los Estados Unidos, ni resultado, tampoco, de una “técnica” circunstancial para enfrentar la crisis bursátil del 29; el vacío jurídico habría sido justo el escenario al interior del cual el sector financiero norteamericano consuma su máximo despliegue, todo, durante las tres primeras décadas del siglo XX. Franklin Delano Roosevelt no hacía, con la promulgación del New Deal (curioso, la traducción al español puede tomarse como: reparto de nuevas cartas) sino formalizar una condición de estado de excepción (económico) que había prevalecido durante un largo periodo. Baste decir que el programa económico defendido por Roosevelt hasta poco antes de estallar la crisis, consistía en cuatro puntos extraordinariamente sugerentes, a saber: reducción sustantiva del gasto federal (hasta del 25%), presupuesto equilibrado, dólar respaldado por las reservas de oro y fin de la intervención del estado en los asuntos exclusivos del sector privado. Y es que Franklin Delano, hijo de James, vicepresidente a la sazón del ferrocarril de Delaware y Hudson, sabía bien que el único escenario capaz de garantizar las “transferencias de riqueza” desde el ámbito de lo común hacia las arcas privadas, no podía ser otro que el escenario de estado de excepción, el mismo en el que su padre James, barón de los ferrocarriles, habría sido favorecido por la asignación de tierras durante la Guerra Civil.

En estos días el Secretario del Tesoro Henry Paulson y el Presidente los Estado Unidos George W. Bush han pedido manos libres al Congreso para operativizar el más cuantioso e inequitativo traslado de riqueza del que se tenga memoria, el cual consiste, poco más o menos, en la disposición de dineros públicos por 700 mil millones de dólares, con el propósito de adquirir activos dañados de empresas financieras y liberar a los mercados de capital. Para ello, la primera propuesta legislativa elaborada por Departamento del Tesoro exigía que la compra de "los activos en dificultades de todas las instituciones financieras… [se haga] en los términos y bajo las condiciones que determine el Secretario (Paulson)", además que sus decisiones "no podrán ser revisadas por ningún tribunal de justicia ni por agencia pública alguna”. En la madrugada del domingo 28 de septiembre se anunció el acuerdo entre el Congreso y el Tesoro sobre el proyecto de “Ley de Estabilización Económica de Emergencia 2008”, en donde se autorizaba el paquete de rescate, pero bajo la condición de imponer ciertos candados al poder ilimitado del secretario Paulson. Acto seguido, la tarde del lunes 29 de septiembre, la cámara baja rechazó por 228 votos contra 205 a favor la iniciativa de ley a partir de dos argumentos, por una parte, el que sostiene que su aprobación no haría sino incrementar la intervención del estado en la economía (republicanos), por otra, el que reconoce como inaceptable recargar el peso del traslado sobre las espaldas de los contribuyentes (demócratas). Hay quienes ven en este desacuerdo la respuesta adaptativa del legislativo frente a la creciente inconformidad de la ciudadanía y sus posibles impactos sobre la próxima contienda electora. Nada más equivocado, la desaprobación del Congreso poco tiene que ver con los gustos y las preferencias de los votantes, representa, por el contrario, la primera manifestación explícita de lo que Mario Rivera define como “la continuación de la economía por otros medios”, es decir, la guerra declarada entre tahures. Cuando el dinero o la ganancia se convierte en un “recurso escaso”, toda vez que el juego en el que se participa es del tipo Suma Cero, entonces el cuchillo (exactamente el mismo que usara Mackthe knife) sustituye toda posibilidad de acuerdos. En este sentido, y en el entendido que la Cámara Baja terminará por aprobar el “salvataje”, el colapso bursátil se ha convertido ya en una crisis de contenido político en tanto las decisiones del ejecutivo y el congreso deberán tomarse, a partir de ahora, en contra de la absoluta mayoría de la opinión ciudadana, en beneficio de la minoría apostadora, y desde un espacio de poder fuera de la norma constitucional pero construido a partir de leyes y decretos de “emergencia”. Por tanto, con o sin acuerdo de la Cámara Baja el despojo se consumará a partir, justamente, de este espacio de poder paralelo y extra-legal, lo que significa el ingreso a un era de expropiaciones a gran escala en un contexto de estado de excepción. Violencia indiscriminada a partir de un juego Suma Cero.

Ya para finalizar, sólo quisiera traer aquí a colación las palabras de Giorgio Agamben en su interpretación de la octava tesis de Walter Benjamin sobre la teoría de la violencia: “[en el lugar del estado de excepción] se sitúa ahora la guerra civil y la violencia revolucionaria, es decir, una acción humana que ha suprimido cualquier relación con el derecho”... Cosa que para la situación mexicana y dicho en palabras estrictamente jaliscienses: Pa’ los toros del Jaral, los caballos de allá mesmo.

Agamben, Giorgio (2004), Estado de Excepción, Adriana Hidalgo, México.
Benjamin, Walter (1990), El Origen del Drama Barroco Alemán, Taurus, España.
Hudson, Michael (2008a), “El rescate de todos los rescates: golpe de Estado cleptocrático en Estados Unidos”, Rev., Sin Permiso, Argentina, http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=2067.
Hudson, Michael (2008b), “Rescate de los ricos: macarrones, queso y salchicha para el resto”, Bol Press, Argentina, http://www.bolpress.com/art.php?Cod=2008092507&PHPSESSID=ddb3f428efe508198bb45bf6568cdf25

domingo, septiembre 07, 2008

Seguridad y Estado de Excepción

Seguridad y Estado de Excepción

Salvador Rivera

Un señor de nombre Giorgio y apellido Agamben asegura que: en la casi totalidad de las así llamadas "democracias occidentales" , la declaración formal de Estado de Excepción ha sido sustituida por una generalización sin precedentes del paradigma de la "Seguridad". En esta lógica, el clamor de "Más Seguridad" alentado desde las más altas esferas del poder político-económico mexicano, debería ser re-codificado en su sentido original, en su real significado: "¡Impongamos Estado de Excepción!" (véase, por ejemplo, el articulo de Néstor de Buen: "¿Guerra Civil?" en La Jornada del 31 de agosto, 2008).


Cuando Marcelo Ebrard, Ulises Ruiz, Mario Marín…y Felipe Calderón ponen en el centro de sus respectivos programas y acciones de gobierno la expansión sin límite del dispositivo policiaco, lo que en realidad hacen no es, desde luego, procurar el bienestar común por conducto de la consagración del Derecho sino que, por el contrario, suspender toda normatividad jurídica con el objeto de aplicar La Ley . Es en este punto que el derecho deja de ser capaz de preservar el interés común para empezar a hablar en nombre la oportunidad. Pero ¿Qué Ley es ésta que pretende ser aplicada por conducto, precisamente, de su propia suspensión?: Esta Ley es La Ley de la Necesidad... La ley que asegura la acumulación capitalista a gran escala por conducto de la violencia extra-legal. Se trata, en suma, de dejar de lado toda restricción impuesta por La Ley, a través principalmente de la emisión de reglamentos y decretos, con el propósito de hacer cumplir la (otra) ley… la ley del capital.


Miles de indocumentados de origen centroamericano pasan diariamente hacia territorio nacional a través de la frontera con Guatemala, con este acto los migrantes pierden toda calidad jurídica frente al Estado mexicano, para convertirse, de golpe y porrazo, en hombres y mujeres NADA. Son hombres y mujeres Nada frente a la ley, pero están de cuerpo presente para ser traficados en calidad de esclavos. Traficados, negociados, vendidos en tanto fuerza de trabajo, pero también en cuanto cuerpos, vísceras, órganos, carne y huesos. La "inseguridad" del migrante es, en este caso, el elemento clave a través del cual se garantiza la "seguridad" del negocio. Los miles de policías y militares encargados de la "seguridad", es decir, de custodiar los "flujos", no están ahí con el propósito de impedir la violación a los "derechos fundamentales del hombre" sino que, por el contrario, justo para perpetuar su violación sistemática y sin trabas. Pero ¿Qué es lo que ha hecho posible la militarización del fenómeno migratorio?, desde luego: su previa Criminalización. Los migrantes ilegales, desde esta perspectiva, no son hombre y mujeres que, a su paso por México, desempeñan labores productivas en actividades diversas: industria, agricultura, obras de construcción, servicio doméstico, comercio, etc. Los migrantes son criminales, son "maras". Paradójico, son criminales ante la sociedad, pero hombre y mujeres desprovistos de toda calidad jurídica frente al Estado. Hombres y mujeres que desempeñan actividades productivas pero que están, a su vez, abandonados por la ley. Son bandoleros…pero bandoleros que, otra paradoja, trabajan en beneficio de nuestro caritativo-humanista-blanco empresariado mexicano. En esto consiste el verdadero significado de la palabra "Seguridad": fundación de espacios en los que el capital logra ejercer dominio sobre el trabajo y los cuerpos en ausencia de todo marco jurídico. Los Volkloser Raum, los espacios sin pueblo de Adolfo Hitler, lugares en donde los pueblos son estratificados en diferentes grupos y sub-grupos, y estos, a su vez, reducidos a la expresión mínima de “ilegalidad”. A esto se le llama Estado de Excepción, a esto se le llama "Seguridad": La nueva y cómoda morada del Capitalismo Global.

domingo, septiembre 16, 2007

Los (otros) Gritos

El Margen XLVI

Los (otros) Gritos

Texto y Foto:Salvador Rivera
Colaboración: Susana Garduño
Todo es, o mejor, se describe o aprehende, de acuerdo a la forma y color del cristal con que se mira, y esta pos-moderna obviedad sólo quiere decir que los ojos tras los que observo ahora no hacen sino intensificar en la oscuridad la luz, resaltan el contorno de las figuras patrias y rellenan los huecos con tonalidades verdes, algunas veces rojas y otras blancas. Es decir, son ojos especialmente diseñados para discriminar, en mitad de la más cerrada noche mexicana, en medio del ocultamiento provocado por el festín de El Grito, la persistencia de un patrón endémico, a saber: la algarabía del miedo.


Es el pueblo de Tlalpan, el lugar de las fincas con los patios y huertos más extravagantes durante la Colonia; lugar en el que se paseaban las señoritas más finas, más afrancesadas de la época porfiriana, y por ello, se dice, el lugar más frecuentado o acechado por nuestro caballero y príncipe, rey del engaño, nuestro sacrosanto señor: Don Chucho el Roto. Aunque él, necesariamente, oriundo de la Candelaria de los Patos o la Santa María la Redonda. Vaya usted a saber, la cosa es que Tlalpan, muy a pesar del acoso Chichimeca, ha sido siempre el lugar de la calma, el sitio, por ejemplo, de los hospitales con los bosques y jardines más extensos.




Encinares bajo cuya fronda crujen las hojas secas ¡cronch! ¡chroch!, praderas manchadas por rocas negras salidas de algún volcán y un sinfín de borreguitos blancos, y otros negros: sosiego, tranquilidad, moderación, mesura, calma… Sólo para que los tísicos y los leprosos lograsen conquistar la santa sanación. Los leprosos, se sabe, gracias a los maravilloso influjos de los vientos venidos del oriente: desde el Golfo de México. Los locos, en cambio, por efecto exclusivo de la contemplación o el bálsamo del silencio. El sitio de las aguas mágicas, de la Fuentes Brotantes. Entre los paisajistas del siglo XIX: veta de inspiración para el trazo de sus mejores óleos; entre los jefecillos del siglo XX: el lugar predilecto, por escondido, para llevar a sus secretarias a beber y después, como parte del estímulo laboral, a coger….


Ya en el centro, una plaza con fresnos y jacarandas, un templo parroquial del XVII, un edificio, sede de la administración local, inspirado en el estilo neoclásico pero construido de acuerdo a las normas del provincianismo burgués del siglo XIX, un kiosco circular con olor a meados, tres bustos erigidos a la memoria de otros tres personajes irreconocibles. ¡Ah!, y un tronco seco con 5 ejecuciones por ahorcamiento a su favor:

NOMBRE DE LOS PATRIOTAS QUE FUERON AHORCADOS EN ESTE ÁRBOL

Coroneles

Dr. Felipe Muñoz
Vicente Martinez

Mayor

Manuel Mutio
Capitán
Lorenzo Rivera
Teniente
José Mulio

Tlalpan D.F 1865-1940

Así reza la inscripción en piedra que descansa a su lado.

Treinta años, hace cosa de 30 años que llegué a Tlalpan y el pueblo, desde luego, era muy otro, es decir, un lugar mucho más emparentado con la vida campesina del viejo Xochimilco que con la norma modernista canonizada por los intelectuales de CU. El cura era el cura, el médico el médico, el profesor el profesor, el Catrín: Catrín, la Catrina: Catrina… “¡El Alacrán! ¡La Sirena! ¡El Diablo! ¡La Campana! ¡la Estrella!…¡Looooootería!”


Y bueno, la Jalisciense, que duda: ¡Jalisciense! Por cierto, una de las cantinas escogidas por Don Renato Leduc, sólo para repetir entre la concurrencia, una y otra vez, una y otra vez: -“Aguadas me gustan más porque me lastiman menos”. Y créame usted, de veras, nunca de los nuncas supe yo a cuál de todas las aguadeces quería referirse el tal poeta don Renato.



Los Portales de ahora, con su “1900”, el “Café la Selva”, “Goliardos”…no eran sino lúgubres colchonerías con olor a Pápalo-quelite: los reductos últimos de la República Española. Por entre los barrotes de todas las ventanas de todos los inmensos hospitales psiquiátricos de la zona, asomaban los rostros empolvados de las locas: “Hola chulo ¡Ey tu! no te hagas. Dame un quico, anda, sólo uno, y mi felicidad serán tus celos…” Había, además, un silbido persistente, el del afilador; una heladería: La Michoacana; una bonetería tras cuyo mostrador atendía siempre la señorita con las mejillas y labios más purpúreos, el vestido de tul con tonos más rosados y las zapatillas de ballet con las cintas más celestes: tal como una muñequita de pastel, pero con algo más de 70 años a cuestas.



En realidad, pienso ahora, en aquel Tlapan-añejo sólo habría hecho falta un melancólico organillo en mitad de la plaza, una gran zapatería en la calle de Hidalgo, dos o tres millones de moscas verde-azules, un caballo blanco y una pulquería para que, sin duda, el ritmo de la vida pudiese asemejarse al infame, nauseabundo fastidio que priva, por ejemplo, en Pénjamo, Guanajuato: La Perla del Bajío.


Sobre la calle de Moneda hay una hilera de puestos improvisos desde donde 40 cocineras gordas y sudadas, ofrecen otras tantas gordas, aunque éstas de maíz sudado, pero ahora de manteca. Ofrecen quesadillas, también, bañadas en sudor y en algo de manteca, a un tumulto inmenso de clientes potenciales. Son, en su mayoría, los gordos niños con sus obesas madres quienes demandan más, los que compiten con mayor ardor por la fritanga. Se apiñan, codean, muerden, escupen a sus vecinitos; arremeten, con todo su peso, en contra de las otras madres, mujeres corpulentas que tratan, a su vez, de impedir la embestida infantil restregando sus gruesos culos sobre los rostros tumefactos de los gordos niños Se trata, sin duda, de una contienda infame, pero igualmente, de una batalla tan sorda y tupida como sólo los espíritus de la clase media podrían llegar a protagonizar: la vida por un lugar, un puesto o una posición desde donde la conquista de un pedazo de algo deje de ser mera ilusión, un puro sueño. Mientras, a lo lejos, los padres observan, callan y comen. Se trata de un numeroso grupo de hombre adultos, cuyos atuendos deportivos, el uso de gorras con visera, la exhibición de teléfonos celulares y el modo sui géneris de indicar con las llaves del auto entre las manos, meciendo, haciendo del manojo castañuelas: “tin-tin” que no, “tin-tin” que no, “tin-tin” que no soy indio. “Tan-tan” que siempre hubo, “tan-tan” que siempre hubo “¡Tan!”, una tatarabuela de castilla “¡Tan!”, una tatarabuela de castilla “¡Tan!”, y eso ¡carajo! Sólo para empezar “tan-tan”. Un abuelo francés, “tan-tan” ¡Sí! El abuelo francés “¡Tan!”, el de los Pirineos “¡Tan!”, con sus ojos azules “¡Tan!”, con su barba cerrada “oui-oui” y eso “¡Tan!”, sólo pera seguir “tin-tin””. Y mis dos primos Belgas “¡Tin!”, y mi tía la italiana “¡Tin!”, y eso “¡Tin!”, y eso “¡Tin!”, sólo para terminar “tan-tan”. Pero nunca-jamás ¡Virgen María!, de la región tarasca u otomí, ni mucho menos de la zona mazahua o tlaxcalteca.




Paso doble andaluz más las pulseritas plásticas de color amarillo, las “cangureras”, los pupilentes flamígeros de las hijas, la cadenita guadalupana y la enorme variedad de cámaras digitales, irremediable, inevitablemente los delata como un grupo de visitantes, inmigrantes temporales venidos a Tlalpan, todos, desde los palacetes, también plásticos, de Villa Coapa.


Es el mismos tumulto que mañana, en sincronía con la salida del sol, iniciará otro más de sus desplazamientos cíclicos en dirección a Cuernavaca, Cuautla, Tepoztlán y Oaxtepec. Como una marabunta que devora a su paso todo lo comestible, el hormiguero motorizado se habrá de desplegar por toda la extensa red de caminos vecinales, siempre en busca de más…y siempre más.



Curioso, una buena cantidad de gordos niños vienen atados de los antebrazos por correas retráctiles que, en apariencia, son controladas a distancia por un pequeño contingente de chachas uniformadas. Pero ésta es sólo la apariencia, en realidad, son las chachas las que salen a la plaza amarradas a los niños. No vaya a ser que la cohetería y el alboroto logren desatar en ellas, la peregrina idea acerca de que la independencia es, también, un asunto de sirvientas, y así, a la manera de las negras cimarronas que alguna vez huyeran hacia lo profundo de las montañas veracruzanas, decidan, las chachas, correr en busca de su propia libertad, ¡Uy, que espanto! Y es que pasado un tiempo, las exchachas transformadas en madres, fieras enloquecidas por el hambre del crío, podrían regresar sobre sus propios pasos con el turbio propósito de saldar algunas cuentas, ciertas facturillas de clase sólo canjeables por el valor, a precio de quirófano, de un riñón infantil con su juego de córneas, y también, por qué no, de un corazoncito palpitante. Quizás por ello, sólo quizás, únicamente salgan a pasear como pasean las perras: bien amarraditas… de las trompas.




El reloj que corona el frontón central del palacio marca las 10:55 de la noche; 196 años y 364 día después de haberse dado el verdadero grito, pero 8 horas y 5 minutos antes, porque resulta que el de Hidalgo, según consta en la página 3,928, volumen 7 de la Enciclopedia de México, no se dejó escuchar sino hasta las 6 de la mañana del 16 de septiembre.



Dicen los que saben que eran 56 los años que tenía el cura Hidalgo cuando resolvió gritar en contra de una posibilidad mayor: el peligro de que la Nueva España, con todo y sus apacibles atardeceres, sus extensas llanuras sólo pobladas por indios y caballos dóciles; de que la Nueva España pasase, de súbito, a engrosar el inventario imperial de Napoleón Bonaparte y precipitar, con ello, su propia condición de colonia periférica hasta el ojo mismo del huracán positivista, racional, certero, calculador y protestante del siglo XIX; hasta las más insondables profundidades del siglo del vapor, del valor mercantil, del ferrocarril, de la especulación inmobiliaria y de la luz…eléctrica. Hidalgo, ante el abismo modernizador, frente a la tentativa avasallante del capital industrial, también global, gritó, pero gritó, que duda, de puritíto miedo.


Es la hora, por fin, y todos gritan, el cielo de Tlalpan se enciende como un vitral de luz. Quizás pretendan conjurar, con ello, la avalancha de lavadoras chinas que muy pronto vendrán a desplazar a las sirvientas indias. Y es que la eventual liberación de las mucamas, la ciudadanización de la gatas, pues, es un tema que preocupa a los visitantes de Coapa, un asunto patrio, un tópico de seguridad nacional. Podrían las chachas, después de todo, regresar sobre sus propios pasos y convertirse, por cuenta de exigir el reembolso de un adeudo inmenso, en las futuras heroínas que al final nos legarán la verdadera patria, tan rejuvenecida y confortante como la vieja Europa después de las sangrientas invasiones bárbaras del siglo V. Bendita globalización, sólo por eso. Bendita seas.





Es decir: ¡Bendita Seas!

sábado, abril 28, 2007

Vendaval

El Margen XLV


Vendaval

Imagen-Transustanciación: Françoise Devaud
Texto: Salvador Rivera

Oí pasar el vendaval. El vendaval había dejado tras de sí la oscuridad, un espasmo de miedo, un hueco. Caminé a tientas, busqué con las manos una caja de fósforos, tranquilidad, pensé. ¿Dónde podría encontrarla? Sobre alguna de las repisas, entre las gavetas, quizás en el cofre… quizás. Con la luz del candil regresé hasta el escritorio e hice lo posible por escribir algo, cualquier cosa…Nada, no tenía nada que decir, absolutamente nada que decir…¡Va!, me puse de pié, arrojé la pluma sobre la mesa y resolví salir.



En el jardín, una nube negra atravesaba la Luna… como en Buñuel, pero esta vez con más estrellas, la nube negra había traído el aire, un aire, también negro que hacía sonar las hojas como erres, como los riscos en un raudal de tierra, como se oyen los arroyos, las ramas, las romerías; las hojas con el viento ronroneaban… Así… como los gatos.



Al fondo, las montañas de Amatlán, ya no como en Buñuel, sino como las iglesias góticas de Monet…cortaban el cielo. Nada especial, me dije, nada especial. Abrí el portón y tomé la vereda blanca hacia el Cerro de las Mariposas. Era tanto el resplandor de la Luna que, en ocasiones, mi sombra ocultaba las piedras del camino. Avancé, seguí hasta llegar a la antigua poceta. Curioso, sucedía con precisión milimétrica: justo en este punto una gota de sudor bajaba siempre por mitad de la espalda. Y sí, volvió a pasar, la gota de sudor llegó a la espalda, como siempre y, también como siempre, el aire, la fragancia del musgo, de los líquenes, de los troncos húmedos, me hizo respirar más hondo hasta batir la rígida coraza de mis sentidos y arrojarlos, en una exhalación, tras los enigmas de las agua, de la tierra…del fuego.

El telón de las cosas, a la manera de un enorme tajo incandescente en mitad de la noche, se develó entonces, y la ruptura de esa línea invisible me hizo girar, de súbito, al interior de un espacio encendido, esférico: Un espacio en el que mis sentidos se expanden horizontalmente como la risa, como los arroyos, como un soplo de humo. Un espacio en el que mis sentidos se infiltran verticalmente como la lluvia, como la raíz, o el miedo. Allá, lejos, una vereda blanca, una vereda blanca en donde yo mismo puedo distinguirme. Estoy sobre la hierba, envuelto por el follaje. Solo… Estoy en una tupida selva, bosque de niebla en donde una bala que camina por la espesura, olfatea indicios, busca la madriguera de una jaguar que vive de la noche, que devora cocodrilos, que anda enamorando serpientes. Una selva en donde habita un colibrí que bebe sangre y duerme bajo las piedras. Armadillos que hablan con los escarabajos y les arrancan los ojos para alumbrar sus cuevas. Brujos que se alimentan con la savia de las cascadas y que gobiernan sobre el lienzo de los pintores. Lobos negros que se convierten en orquídeas para escupir a los venados. Helechos que atenazan ratones. Una mariposa roja, una mariposa roja que aletea.



En esta selva inmensa rige la autoridad de las luciérnagas, ellas tienen la luz y establecen el olor, el color de las cosas; dirigen, como los astros, el destino, la suerte, la desdicha, y mandan sobre la reproducción y la vida; hacen brillar el sol, desatan las tormentas, establecen el límite de las estaciones y el ritmo del tiempo…otorgan indulgencias y castigan el desacato…. Han capturado al rey jaguar, lo acusan de creer en el dios de los hombres, de invocar la guerra, de incitar la duda, la libertad, la resistencia... La espera. Lo conminan al arrepentimiento. Lo condenan a morir por una bala.


El telón de las cosas, a la manera de un enorme tajo de luz en mitad de la noche, se develó entonces y como si hubiera trasgredido una frontera invisible, yo, hasta entonces observador, me veo a lo lejos, de pie sobre una vereda blanca: es un callejón adoquinado que desciende hasta alcanzar los arrabales de un pueblo azul, un pequeño caserío con el olor a puntes viejos, a guerras, a fragancias góticas. ¡Danza un bufón!, de pronto, de la nada.



Danza con el sonido de su flauta, al ritmo del pandero. El cascabel revienta con un golpe de talones y su pañuelo envuelve el cielo, lo recoge en un nudo y, ¡Zaz!, lo lanza de nuevo hacia mis propios ojos que estallan en color, como un vitral de luz… Tras la ventana, una bella mujer lo observa todo, hace un gesto de sorpresa, de iluminación y vuelve al sonido púrpura de su violín.


Recarga el arco sobre la cuarta cuerda y lo desliza, firme, como si lo frotara contra una fruta para sacar aromas, tiras… rasgaduras gitanas de color escarlata. Toca hasta la necedad, hasta el delirio.


Después, descansa, sueña con el hombre de los ojos de vitral de luz, sueña en un camino blanco, en una casa, en una vela, en una pluma sobre una mesa, en un jardín, en una nube negra que corta la luna, sueña en una nota escrita sobre un papel, sueña sobre una nota…


El telón de las cosas, a la manera de un enorme tajo de luz en mitad de la noche, se develó entonces. Allá, lejos, me veo caminar por entre el polvo de una vereda blanca, es un camino estrecho que desciende hasta un peñasco altísimo. Abro el portón: es mi casa. Puestas sobre el escritorio hay dos o tres cuartillas en perfecto orden… Y al final una nota. Es una nota escrita en tina… Garabateada, destella al calce:

“Como la nube negra que corta la noche...
“Como una nube negra que empaña la luna...
Como una nube negra que corta la luna
vi tus ojos tras la ventana:
Tus ojos vitral de luz.


martes, abril 10, 2007

Desdoblamiento

El Margen XLIV


Desdoblamiento
Foto-Transustanciación: Françoise Devaud
Texto: Salvador Rivera
Los listones de color que lleva el río:
cinco jinetes que cabalgan,
flotan sobre el plumaje del faisán,

y tiñen, luego, el dosel de la selva.



Hasta el sudor azul que llueve,
que escurre por entre los bejucos.
La bruma, la neblina:
un manojo de nubes que embadurna las palmas,
y embarra las orquídeas sobre el lienzo del bosque.



Todo.
El cofre del tesoro español con cien paños de Flandes,
un cuchillo encantado con el mango de plata,
tres ristras de azafrán,
y cuarenta ¡Cuarenta kilos de oro!



Hasta la capa púrpura del rey Quetzal,
hasta el bastón del brujo,
hasta la flor exuberante de la que bebe el ciervo
y un pandero, y un cascabel de piedra
y el marfil tallado por los magos del Congo.



Todo.
Absolutamente todo,
hasta el Laurel y los Amates,
y la fiesta del agua en la cascada
y el remolino azul y el manantial y el risco.



Todo.
Absolutamente todo…

¡Tinta fría!

viernes, febrero 16, 2007

Vodka Azul

El Margen XLIII



Vodka Azul

Foto-Transustanciación: Fraçoise Devaud
Texto: Salvador Rivera

Un hombre de 45 años, no más. Diez de la mañana, porción doble de vodka en “Los Abetos”, cantina de noble tradición sobre avenida Jalisco: barrio de Tacubaya. Con el vodka en “Los abetos” el ciclo de todas las mañanas toca a su fin:

regadera-cajero-periódico-cigarrillos-trago;
regadera-cajero-periódico-cigarrillos-trago…y así.

La tarde y la noche son otra cosa, espacios, horas durante las que se consuman otros ciclos, otros itinerarios. La mañana es siempre la misma, siempre así…iluminada, azul.Sobre la mesa: el diario, el vaso desde el que asciende una bocanada de humo, un soplo de niebla:



Vapor de Vodka azul, listón en nube

Gazné de tul-cristal que el viento sube.


Observo la columna de niebla que se levanta desde el fondo del vaso, pienso sobre el significado oculto del movimiento espiral. En la forma de las galaxias, del tifón, del agua, de la vida, del tiempo.


Pienso en la concatenación de ciclos a través de saltos expansivos cada vez más amplios, más abiertos, más abarcativos. Regadera-cajero-periódico-cigarrillos-trago; es también otro ciclo que rompe en la espiral del trago hacia otra nueva regadera de luz que desemboca en otro trago azul y en otra regadera de vida mas extensa, más y más amplia. El ciclo de mi rutina, de mi vida, se engarza con la espiral de niebla, se hace con el movimiento del rehilete, de las constelaciones.


Humo de alcohol añil, niebla en el vaso
Danza de mi embriaguez dibuja el trazo.


Duda, se levanta, paga la cuenta y se dirige hacia la puerta de salida. Avenida Jalisco estalla en mambo. Sin duda el Mambo en Sax de Pérez Prado, piensa. Son las doce del día, el hombre de cuarenta y cinco años trastabilla en dirección al sur, hacia las montañas del Ajusco… porque la tarde y la noche son otra cosa; horas durante las que se consumen otros ciclos, otros itinerarios. La mañana es siempre la misma, siempre así… iluminada, azul, piensa y se va.

Vapor de Vodka azul, listón en nube
Humo de alcohol añil, niebla en el vaso

Gazné de tul-cristal que el viento sube
Danza de mi embriaguez dibuja el trazo.