miércoles, abril 20, 2011

Evangelio y Excepción


Evangelio y Excepción.

Salvador Rivera.
En esta semana santa me gusta hacer lo que siempre hago: buscar de entre las películas del cajón, hasta el fondo, aquella en blanco y negro de Pier Paolo Pasolini: “El Evangelio Según San Mateo”, 1964; todo con el fin de repetir la escena aquella en que Cristo logra entrar al Templo y enfrenta, verbalmente, a los jerarcas del saber judío. Se trata de una escena muy bien lograda, por Pasolini, pero también, desde luego, por Mateo, que es capaz de recoger el punto en que la revuelta cristiana no puede ser ya asimilable, punto de inflexión el cual consiste, desde mi punto de vista, en la exhibición de una manera de reflexionar, de formular ideas que demuestra ser mucho más eficaz (para explicar las cosas del cielo y la tierra) que el canon de Verdades hecho por y para el poder. Sacrilegio!, por supuesto, pero veamos mejor directamente lo que nos dice Mateo y que Pier Paolo Pasolini tuvo a bien poner sobre pantalla:

“Cuando vino al templo, los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo se acercaron a él mientras enseñaba, y le dijeron:
-¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿y quién te dio esta autoridad?’
Respondiendo Jesús, les dijo:
-Yo también os haré una pregunta, y si me la contestáis, también yo os diré con qué autoridad hago estas cosas. El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo, o de los hombres?
Ellos entonces discutían entre sí, diciendo:
Si decimos, del cielo, nos dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? Y si decimos, de los hombres, tememos al pueblo; porque todos tienen a Juan por profeta.
Y respondiendo a Jesús, dijeron:
No sabemos.
Y él también les dijo:
Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas.”

Y como éste, otros varios pasajes. Bueno, la cosa es que, creo, la no posibilidad de asimilación consiste en que la verdad del poderoso –gracias al decir del pelandrujo- ha sido completa, total y absolutamente desfondada, y esto, por la simple y sencilla razón de que Todo el Mundo ha dejado de creer en ella (“Y si decimos, de los hombres, tememos al pueblo; porque todos tienen a Juan por profeta”).

En los sistemas democráticos –dice muy orondo el niño relamido de Santa Fe-Harvard-MIT-Anexas, estas ‘anomalías’ se incorporan mediante una variedad de mecanismos, la conversión o domesticación del decir original en piezas discursivas ad hoc, y por esta misma vía, la ampliación del menú democrático, de tal manera que la marginalidad anti-sistémica siempre deberá concurrir hacia la formación de nuevos y más elocuentes mercados de consumo y opinión.

Pensemos en el fenómeno hippie (jipi), por ejemplo, aquel que tan numerosos adeptos tuvo durante los años 60’s. En este caso, el cuestionamiento sobre el modo victoriano (patriarcal) de vida fue demoledor, pero también cuestionó el consumismo exacerbado, la relación hombre-naturaleza, la posición de la mujer en la sociedad, la verdad científica, el rol de la instituciones, la libre capacidad de decisión sobre el uso o no de sustancias o ventanas de percepción, y otras cosas más. Bueno, el asunto es que, al pasar de los años, la figura trasgresora del hippie logra ser asimilada casi en su totalidad: nos hicimos más ambientales (The Green Corner: Magister dixit), menos crédulos sobre las bondades del progreso, desmitificamos las figuras del padre y la madre, nos liberamos sexualmente, y hasta fumamos marihuana, solo que esto último siempre en el closet. El problema consiste aquí, en que la asimilación no logra o no puede ser total, el sistema no es capaz de convertir todos los rasgos de la ‘anomalía’ en productos mercantiles con visa de identidad, sino que los incorpora como excepción a la norma, fuera de la ley pero dentro del espacio de vida, la mariguana, por ejemplo, que si bien se produce, vende y consume, permanece, en México, fuera de la ley; pero tampoco es capaz de reconocer la libre movilidad de las personas entre países, aunque el hecho también le otorgue beneficios: ¿De dónde son las mercancías, del cielo o del hombre?, Si decimos, del cielo, nos dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? Y si decimos, de los hombres, tememos al pueblo; porque todos tienen a la Mercancía por profeta.

El asunto consiste, pues, en si el sistema capitalista será capaz de otorgar carta de ciudadanía al consumo, producción y venta de drogas, o a la migración ilegal, en el marco de la libre circulación de personas y mercancías. O si, por el contrario, el único recurso que le resta consiste en 'exceptuar' el hecho, tal, como, al fina, hizo Caifas con el pensar de Cristo, un pensar socialmente asimilado, aunque formal o legalmente desterrado. Salida que tiene que ver, naturalmente, con el Estado de Excepción, y que trataré en próxima entrega.

sábado, abril 16, 2011

El Margen: segunda etapa

El Margen en su segunda Etapa

El Margen en su Segunda Etapa
Salvador Rivera

Ésta que inicia hoy, es, o pretende ser, la segunda etapa de El Margen. Durante el periodo de inactividad, cerca de 4 años corridos, sucedieron varias cosas relevantes, tanto, que el aire que se respira ahora resultaría casi indescifrable para los habitantes de aquel 2007 remoto. La crisis global del 2008, por ejemplo, que desmorona el (pos)dogma acerca del ‘fin de la historia’ y hace dudar sobre la eternidad del mundo de las mercancías. La llegada de un hombre negro a la presidencia de los Estados Unidos que habla sobre la capacidad renovadora del Imperio, pero también advierte sobre la posibilidad de‘la última carta’ antes de la militarización y la guerra. La epidemia de Influenza A(H1N1), cuyo manejo reproduce (con el propósito de perpetuar) el modelo foucaultiano de vida en la sociedad Capitalista y señala a la multitud (sociedad civil e incivil, entendida esta última en su sentido más mundano: incivilizada, no integrada, ilegal, no ‘ciudadana’) como el objeto de control de tal dispositivo. Las insurrecciones del Magreb, que legitiman el uso de la red como instrumento activo de lucha social, pero sobre todo subrayan la incompatibilidad entre el control y la libre circulación de ideas y mercancías. Y al final, victima de esta misma incompatibilidad, el estado de guerra en el país (México). Todas estas cosas en un santiamén. En resumen, desde 'la transición a la democracia'-al Estado de Guerra.

¿Cuál es mi postura frente a todo esto?. La misma: me regocija pensar la evolución económica del capitalismo; veo con beneplácito y hasta con divertimento las deducciones teóricas de los ultra-liberales, aunque advierto con terror la militarización sistémica en todo puto lugar en que estos mismos niiiioleberales tratan de 'operativizar' sus dogmas de fe; celebro la horizontalidad; el arte; la pluma, la imagen, los espíritus libres y todo lo perteneciente al paleolítico, es decir, a la fuente, a la savia de los impresionistas. Así pues, esta segunda etapa de ‘El Margen’ estará inscrita en dicha tradición, a saber: la del puro Impresionismo-Cavernario, grafiteado pues, dicho con el lenguaje de la calle…Por cierto, la calle, bien, pues en en la calle se dicen cosas duras, oscuras, después de todo es la 'vía', el lugar sin chance, sin oportunidad de abogacía, lugar en el que las cosas se rapean, se pintan, se rayonean, chorrean...chorrean los mensajes del cosmos sobre el inmaculado muro de la razón, cañón; algunos, los más deslumbrantes, los más anarquizantes, son gritos de locura, dura, como venidos desde el Heavy Metal Alemán, ahora ruso, francés…desde las cavernas de un sueño fuera de la tierra, desde la muerte en guerra. Nadie aquí espera cordura, menos cuando la insensatez se ha apoderado ya de los hechos. Seamos insensatos, es la consigna, existen pocas ventanas en la historia en que la insensatez se hace obligada, estamos ante una, quizás la más extensa e impredecible.

Así es que, respetable lector, este barco que zarpa es amplio, limpio y bien iluminado, a decir del capitán Ernesto Hemingway, suba el que quiera, veremos lo que opina el oleaje.


domingo, octubre 18, 2009

El Breviario de Ramsés

El Breviario de Ramsés

Por Mario Rivera Ortiz

1.- El arresto se consumó el jueves 1 de octubre, cuando Ramsés Villarreal Gómez iba a la UAM-Xochimilco a cumplir con su servicio social. Cuatro sujetos vestidos de civil lo bajaron del microbús donde viajaba y lo subieron a una camioneta de color azul; cuenta Ramsés que los policías le dijeron que lo iban a violar, que se callara y por supuesto le taparon la cabeza y lo agacharon para que nadie lo viera y luego hacer con él lo que se ofreciera. La misma noche de su arresto agentes federales, cumpliendo orden del juzgado de medidas cautelares realizaron una “inspección ocular” en su domicilio y se llevaron dos computadoras. Ya en las instalaciones de la PGR lo metieron a un bodegón en donde lo interrogaron tres sujetos de rostro patibulario, quienes le exigieron que se confesara culpable de las explosiones en tres bancos, una boutique y una agencia automotriz durante el mes de septiembre. Como no obtuvieron la confesión “voluntaria”, le ofrecieron liberarlo y convertirlo en testigo protegido si identificaba y acusaba en falso cuando menos a 15 activistas estudiantiles cuyas fotos le fueron mostradas insistentemente durante 10 horas. Al rechazar la nueva y generosa oferta, Ramsés fue trasladado al Reclusorio Preventivo Varonil Sur, bajo la acusación de terrorismo.(1)

Entre las “evidencias” que la policía presentó contra Ramsés se cuenta una carta anónima depositada en el buzón de denuncias de la PGR que contenía recortes de periódicos sobre las explosiones y el nombre “Ramsés” en un cartón cualquiera, una foto que no era suya y dos computadoras que nada tenían que ver con los “atentados terroristas”. La policía incluso obtuvo un “testimonio” de una tal Gloria N, quien dijo que su vecino se caracterizaba por un “comportamiento violento”.(2)

Eso fue todo lo que la policía pudo acopiar para estructurar su acusación y mostrar al juez 15 en procesos penales federales, Ranulfo Castillo Mendoza para tratar de encarcelar a Ramsés Villarreal Gómez.

La identificación del estudiante “se determinó por el trabajo profesional y técnico de los peritos de la PGR, quienes rindieron dictámenes en antropología e identificación fisonómica”, (¡Vaya peritos!)

2.- Inmediatamente después del arresto de Ramsés se inició su defensa política y legal. El día 4 de octubre hubo una manifestación de los abogados, estudiantes y profesores universitarios frente a diversas instalaciones de la PGR.

El siete de septiembre apareció en Correo Ilustrado de La Jornada una carta abierta suscrita por un grupo de profesores y profesoras del posgrado en desarrollo rural de la UAM-Xochimilco, que denunciaba “la intención del gobierno federal de criminalizar los movimientos sociales, incluido el estudiantil, y llamaba a la comunidad universitaria a estar pendiente de las acciones de la PGR contra Ramsés.” Firmaron: Carlos Rodríguez Wallenius, Catalina Eibenschutz Harman, Luciano Concheiro Bórquez, Rafael Calderón Arozqueta, Olivia Acuña Rodarte, Miguel Meza Castillo, Carlos Cortez Ruiz, Gabriela Contreras, Roberto Diego Quintana, Arturo León López, y Alejando Cerda García.(3)

En la misma sección de La Jornada del día 12 de octubre, apareció otra carta de protesta por dicho atropello policiaco firmada por unos 26 estudiantes de las generaciones 13 y 14 de la maestría en Desarrollo Rural de la UAM-X y desde el ámbito internacional llegó otra carta solidaria con Ramsés, suscrita por Independet Citizen Front, Nueva Zelanda. Responsable: Christian Marcel Cebollero Gutiérrez.(4)

¿Y los partidos políticos mexicanos de izquierda y de derecha qué hicieron por Ramsés? ¡Los mariachis callaron!

3.- El día dos de octubre, poco antes de la media noche Ramsés fue liberado, luego que el juez Castillo Mendoza descalificó por ilegal su detención y la Fiscalía Federal que había buscado en dos ocasiones la orden de aprehensión para Ramsés, por razones que aún se desconocen, notificó al juez que no impugnaría su decisión, lo que en este ámbito es un verdadero garbanzo de a libra, ya que en los casos políticos los jueces tradicionalmente se someten sumisos a las consignas gubernamentales o bien, la fiscalía opta por pedir a un tribunal unitario (superior jerárquico de un juez de distrito) que revoque la resolución de primera instancia y ordene la captura del inculpado. Así pues de acuerdo con informes de la causa penal 122/2009 el agente del Ministerio Público Federal adscrito al juzgado decimoquinto de procesos penales federales con sede en el Reclusorio Sur, notificó el día 6 de octubre al juez Castillo Mendoza, que renunciaba a su derecho legal de impugnar la negativa del juzgador de primera instancia, pero como la doble negativa del juez Castillo, no tiene los alcances de “cosa juzgada”, se reservaba la opción de volver a acusar a Ramsés Villarreal Gómez por los mismos “delitos”.(5)

La PGR, como siempre, no se disculpó ante el estudiantado, la comunidad universitaria y la ciudadanía por sus “errores”, pero tuvo que reconocer que sus suposiciones eran “equivocadas”, pues en la casa del estudiante no se encontraron armas, artefactos explosivos u otros elementos indiciarios de la presunta culpabilidad de Ramsés. Con dicho anuncio de la autoridad ministerial terminó, por el momento, la acción desplegada por la PGR.(6)

Por su parte Elizabeth Ángeles Palmillas, sostuvo que la detención ilegal de su esposo, evidencia que el Estado sólo busca satanizar la lucha social e incriminar a inocentes, es decir buscaba chivos expiatorios.(7)

La maniobra policíaca fue tan burda y repudiable que Magú, el monero más auténtico que existió, no pudo menos que hacer un inspirado cartón titulado “Ramsés o el estreno”, refiriéndolo a la responsabilidad del titular de la PGR, Arturo Chávez Chávez, recién designado.(8)

Parecía que las cosas ahí habían terminado; sin embargo, Ramsés sentía que el infierno continuaba, porque, decía, su familia y él mismo estaban preocupados por lo que pudiera venir. “No sabemos que va a pasar con las amenazas que me hicieron cuando decidí no declarar lo que querían los agentes de la PGR. Me dijeron que iba a tener represalias, que iba a estar encarcelado toda mi vida, que me iban a sembrar bombas, etc.”.(9)

Entonces Ramsés, como mandan las leyes de la guerra, pasó a la ofensiva y el día 12 de octubre presentó denuncia penal en contra de los funcionarios de la PGR que ordenaron su arresto y contra los agentes ministeriales que lo interrogaron. Los acusa de haberlo privado de la libertad y torturado durante diez horas.(10) ¿Serían sólo sus nervios?

4.- Datos biográficos de Ramsés: A los 17 años, participó en la huelga de la UNAM de 1999-2000. En esa época era estudiante de la Escuela Nacional Preparatoria, plantel 6. Fue detenido el 3 de febrero de 2000 por agentes de la Policía Federal Preventiva durante su incursión en la preparatoria 3, días antes de su irrupción violenta en Ciudad Universitaria. En mayo de 2004, cuando Ramsés estudiaba la carrera de economía fue expulsado de la UNAM por incurrir en supuestas “conductas antiuniversitarias”, bajo la “democrática” rectoría del doctor José Ramón de la Fuente. A los 27 años terminó la carrera de sociología con promedio de 9.6, en la UAM-X y actualmente Ramsés, realiza su servicio social en la revista Argumentos, publicada por la UAM.

5.- Ante los hechos referido no cabe sino hacer las siguientes consideraciones: La lista de estudiantes sospechosos de terrorismo que ha confeccionado la PGR y el Cisen corresponde a alumnos de escuelas preparatorias y de universidades públicas, entre ellas de la UNAM, IPN, UAM y forma parte de un documento de información confidencial considerado por el gobierno federal como de “seguridad Nacional”, según consta en la averiguación previa PGR/DDF/SPE/- 4126/2009,(11) obviamente con fines represivos a corto y largo plazo. Quizá como material útil para un sorpresivo golpe de mano nocturno.

Una de las implicaciones más sombrías del caso de Ramsés es la que se desprende de la mención, nada casual, del conocido caso de la estudiante Lucía Morett. Según La Jornada, “trascendió” que la PGR investigaba la posible vinculación de simpatizantes de Lucía, entre ellos Villarreal Gómez, con los ataques a las sucursales bancarias”.(12) Sombría y significativa implicación…

Paralelamente, y no por casualidad, desde las primeras explosiones, a mediados de septiembre, se comentaba en los cafés de Bucareli que un reportero del diario Milenio estaba recabando en Colombia cierta información sobre las FARC y la estudiante mexicana, sobreviviente de la matanza uribiana de Sucumbios. Nadie prestó atención a dichos comentarios, pero poco después, en el diario citado, apareció una amplia nota, según la cual la “justicia” del gobierno “progresista” ecuatoriano del presidente Rafael Correa, había encontrado un centro de producción de droga, ligado a la Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), muy cerca del campamento de la guerrilla donde estuvo Lucía Morett, según el decir del enviado especial de Milenio, Víctor Hugo Michel.(13) La suposición filtrada por la Fiscalía Antiterrorista de México y el nada casual reportaje de Milenio, parecen acontecimientos sin ninguna relación entre sí, pero se necesita ser muy ingenuo o estar muy alejado de los acontecimientos actuales para no sospechar que la detención de Ramsés, la lista de estudiantes sospechosos de terrorismo confeccionada por la Fiscalía Especial, el reportaje de Milenio sobre las FARC y la doble mención de Lucía Morett, no forman parte de una y la misma intriga de la policía política trasnacional, made in USA, para alcanzar simultáneamente varios objetivos a cual más de perversos.

El montaje del caso Ramsés, además, resulta ser una calca exacta del emblemático affaire de los hermanos y estudiantes de la UNAM, Alejandro, Antonio y Héctor Cerezo, conocido en detalle por el pueblo mexicano. La vieja técnica policíaca fascistoide pues, se puso nuevamente en boga: primero una serie de “palomazos” inocuos contra instituciones bancarias y comerciales ejecutados por autores “protegidos”, luego la consabida racha mediática amarillista contra el “terrorismo” que involucra a todos los diarios de la ciudad de México sin excepción, para desembocar en el arresto, tortura, encarcelamiento y “proceso” contra víctimas inocentes, que por antonomasia resultan ser estudiantes disidentes.
¿Qué se train contra los estudiantes, pues?
Referencias Periodísticas
(1) La Jornada, lunes 5.10. de 2009
(2) La Jornada, martes 6.10. de 2009.
(3) La Jornada, miércoles 7.10. de 2009.
(4) La Jornada, miércoles 14 de octubre de 2009.
(5) La Jornada, miércoles 7.10. 2009.
(6) La Jornada, jueves 8.10. 2009.
(7) La Jornada, sábado 3.10. de 2009.
(8) La Jornada, lunes 5.10. de 2009.
(9) La Jornada, lunes 5.10.2009.
(10)La Jornada, martes 13 de octubre de 2009.
(11) La Jornada, 6 de octubre de. 2009.
(12) La Jornada, viernes 2 de 2009.
(13) Milenio, sábado 10 de octubre.

domingo, septiembre 27, 2009

Metro Balderas

Metro Balderas
Salvador Rivera
La tarde del viernes 18 de septiembre del 2009 baja un hombre hasta los andenes del metro Balderas, va solo, o bueno, acompañado por una maletita, así se dice. El hombre tiene 38 años de edad, un bigote ralo que hace recordar a Mario Aburto Martínez, fuerte, con algo más de 85 kilos a su favor. Como si nada, saca el hombre de entre sus pertenencias un bote de pintura o un marcador, aditamento con el que intentará inscribir ciertas leyendas sobre los muros de la estación. El sistema de seguridad del metro entra en alerta roja, un dispositivo por muchos años engrasado trata, ahora, de impedir, a toda costa, la acción ilícita de un infractor. El hombre vuelve a sacar de entre sus ropas algo, pero esta vez envuelto en un trapo, en una bolsa quizás, es un revólver calibre .38 espacial. Se enfrenta. Mata a un oficial de policía, más un civil y lesiona a otras ocho personas. Después de unos minutos de intercambio de fuego, el hombre es desarmado y detenido por elementos de la Policía Judicial del Distrito Federal.

Hacía tres días de su llegada a la Ciudad de México, venía desde por allá, desde un rancho llamado ‘La Tapona’ en el municipio ‘Unión de San Antonio’. Un lugar de muchas vacas, moscas, hartos vaqueros y, como es el caso, encendidas pasiones religiosas: la región de los Altos de Jalisco, uno de los viejos enclaves lecheros del consorcio multinacional Nestlé, así como el bastión de la iglesia católica mexicana durante la Guerra Cristera. Bueno, pues desde ahí venía el fulano, quien dedicaba la mayor parte del tiempo a cuidar de sus vacas, leer la Biblia y atender, de paso, sus propias superficies de cultivo. Había estudiado veterinaria y recibido por nombre: Luis Felipe Hernández Castillo.

Pero ¿Qué escribía o pretendía escribir Luis Felipe Hernández sobre las paredes del metro?. Es decir, ¿Con qué propósito habría hecho el largo viaje desde ‘La Tapona’ hasta los andenes del metro Balderas? ¿Qué verdades o hallazgos querría comunicarnos?. De acuerdo con declaraciones hechas la misma noche del 18 de septiembre por el procurador de justicia del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera: “…el detenido se encontraba realizando pintas al interior de los andenes de la línea 3, con la leyenda: ‘Este gobierno de Criminales’” (1). Sin embargo, tan sólo un día después, la tarde del sábado 19 de septiembre, el propio Mancera declara nuevamente ante la prensa, aunque esta vez en un sentido algo diferente: “Entre lo que dijo el asesino se destaca el alegato de que es un ‘mensajero’ que debe difundir mensajes religiosos y ambientalistas a toda la población… ”(2). Pero todavía más, el lunes 21 de septiembre, Francisco Bojórquez, director del Transporte Colectivo Metro, se refiere al contenido de las pintas de la siguiente forma: “…estaba pintando, eh, decía que: ‘el gobierno…nos conduce…nos conlleva al hambre y al calentamiento global’. Y ahí es donde se quedó”(3) . Es decir, que en el transcurso de sólo tres días, la versión oficial acerca del contenido del ‘mensaje’ pasa desde el inflamable:‘Gobierno de Criminales’, hasta un reclamo más bien santurrón, parecido al de: ‘Salvemos a las Ballenas’.

Aceptemos, aunque sin conceder, que el móvil principal de Luis Felipe Hernández haya sido, efectivamente, el de dar a conocer su preocupación por la ineptitud de nuestros gobernantes frente al fenómeno del ‘calentamiento global’. Esto, en realidad, no cambia sustancialmente las cosas, toda vez que el asunto medular del incidente no descansa en el contenido de la pinta, sino que, mucho más allá, queda referido a un acto de imperdonable desafío contra el vasto, omnipresente dispositivo de control policíaco impuesto por Estado Mexicano y, más particularmente, por el Gobierno de la Ciudad de México sobre el conjunto de la población capitalina. Veamos.

Uno de los ejes estratégicos en los programas de gobierno, tanto federal como local, ha quedado referido al rubro de Seguridad. En esta línea, el Gobierno de la Ciudad de México se ha empeñado en un pretencioso intento por modernizar los sistemas de control y vigilancia de la capital del país. Así, con una inversión equivalente a los 23 mil millones de pesos en el rubro de seguridad y procuración de justicia para el año 2009 (10 mil 568.8 millones de pesos en seguridad y los 12 mil 431.2 millones restantes para la procuración de justicia), el gobierno capitalino habría superado, en más de ocho veces, el gasto correspondiente para el año 2005, todo lo cual supone que, mientras en la ciudad capital el desembolso per cápita por concepto de seguridad alcanza, hacia el año 2009, un cifra de 1,948 pesos, en el resto de la república esta cifra sólo llega a los 308 pesos, es decir, un gasto por habitante más de seis veces superior respecto al monto correspondiente al agregado nacional(4). En consecuencia, los sistemas de seguridad han experimentado una expansión inusitada. A manera de ejemplo baste señalar que durante los primeros meses del año 2009, se inicia un amplio programa de vigilancia digitalizada, cuyo objetivo persigue colocar un total de 10,050 cámaras de video a lo largo y ancho de la Ciudad de México: Tres mil trescientas cámaras estarían dispuestas en escuelas públicas; 300 en centros recreativos; 4,200 en ‘sitios con alta incidencia delictiva’; y 250 en las instalaciones de Protección Civil, del metro, embajadas, consulados e instituciones federales(5) . De igual manera, cuantiosos recursos han sido destinado hacia la profesionalización del cuerpo policíaco (200 millones de pesos para el año 2009); la adquisición de patrullas y armamento (400 millones de pesos); y para la geo-referenciación de actos delictivos (vigilancia satelital) la cantidad se establece en 35 millones de pesos. Existe otro rubro muy poco publicitado pero de igual importancia en el diseño de control y vigilancia de la Ciudad de México, es el que se refiere a la ‘policía civil’, o dicho en otros términos, a la corporación encubierta de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federa. El 12 de agosto del año 2008, Manuel Mondragón y Kalb, secretario de dicho ministerio, declara ante los medios que los ‘agentes vestidos de civil’, sin armas y sin ningún tipo de distintivos de la SSP-DF, se apostarán en los lugares en los que haya mayores denuncias sobre robos, asalto a transeúntes, venta y distribución de droga, secuestro, entre otros. Por lo que ese mismo día anuncia el Secretario la puesta en operaciones de una primera sección de ‘Policía Civil’ conformada por 400 elementos de la SSP-DF (6) .

La Ciudad de México se ha convertido, pues, durante los años de administración perredista (aunque desde luego, bien podrían haber sido priístas, panistas, verdes, etc.), en un espacio rigurosamente vigilado (y controlado) como consecuencia de una muy rápida expansión de los dispositivos de control policíacos. Con esto dicho, retornemos ahora hasta los andenes del metro Balderas. Luis Felipe Hernández pinta algo sobre los muros de la estación, puede ser cualquier cosa: ‘Gobierno de Criminales’, por ejemplo, o en su defecto: ‘el gobierno…nos conduce…nos conlleva al hambre y al calentamiento global’. Se aproxima hasta él un policía bancario, se trata de Víctor Manuel Miranda Martínez, quien indica a Luis Felipe Hernández el carácter ilícito de sus actos. Se hacen de palabras, forcejean, Hernández saca la pistola envuelta en algo parecido a un trapo. “¡Tranquilo, qué te pasa!” grita el policía. Luis Felipe Hernández dispara a quema ropa. El policía bancario se desploma sin vida. Un policía más se abalanza sobre Hernández, forcejean también, el policía resbala, Hernández lo encañona, sin embargo, en esta ocasión, el policía logra darse a la fuga aunque con herida de bala. Segundos después, desde uno de los vagones, sale corriendo un hombre vestido de ‘civil’, lleva pantalón oscuro, camisa blanca con mangas hasta el codo, se precipita sobre Hernández con los brazos extendidos hacia el frente y con la intención evidente de desarmarlo, no lo logra, cae, vuelve a intentarlo, falla de nuevo, trata de tomarlo por las piernas, recibe varios impactos de bala, persiste en el intento, Hernández dispara contra él nuevamente, pero esta vez, recargando el cañón de su pistola sobre la cabeza de la víctima, el hombre vestido de ‘civil’, Esteban Cervantes, recibe el tiro, se desvanece, muere. Lo que sucede después corresponde con un operativo de cercamiento, frente al cual Hernández resiste hasta el momento de quedar agotados todos los cartuchos de su arma de fuego(7).

Ante estos hechos surgen, al menos, dos relatos contrapuestas. El primero, tiene que ver con la versión del homicida ‘desquiciado’. De acuerdo con esta interpretación, Hernández es, desde luego, un hombre carente de toda razón y en consecuencia, sus actos, un conjunto de piezas inconexas. Es un hombre sin plan, un hombre sin memoria o, cuando mucho, con un tiempo de retención no más allá de10 minutos. Va a la estación Balderas, seguramente guiado por el mandato de una voz que le habla persistente al oídos, ocupa sus ideas, las gobierna. Pero esta voz, cuyo punto de emisión está fuera del mundo, igual podría haber ubicado la ‘misión’ en el zoológico de Chapultepec, por ejemplo, en la Basílica de Guadalupe, o el piso más alto de cualquier rascacielos de la ciudad. Da lo mismo. Hernández pinta algo, cualquier cosa: sobre ballenas amenazadas por el calentamiento global o en alusión a nuestros gobernantes criminales, una y otra consigna tiene exactamente el mismo peso. Esta voz no se distingue por ser especialmente rigurosa sobre el contenido de los mensajes, en realidad, es un asunto que poco le interesa. Es la voz que controla la conducta de un loco. Hernández mata a un policía, a un civil, como también podría haber disparado contra sí mismo. No obstante y sea como cómo haya sido, Hernández opta por la estación Balderas y ahí, enfrentar a la sociedad en su conjunto. Al policía, por ejemplo, quien, después de todo, no es más que el depositario de la potestad soberana con miras a velar por el bienestar de todos nosotros. Pero también contra el civil, contra el personaje de la calle, el transeúnte desinteresado que, dado el caso, podrá responder (heroicamente) ante cualquier acto que amenace lesionar la estabilidad del núcleo social del cual forma parte. Contra el ama de casa, quien ve violentamente interrumpida su rutina de vida. Contra los niños y los jóvenes que adivinan en los actos de Hernández, algo así como El Final de la Historia, es decir, el colapso de the World of Fantasy. Contra todos, Hernández, el loco, saca su revólver y dispara: contra mujeres y hombres; pobres y ricos; indios y blancos; narcos y patriotas; altos y chaparros. Así las cosas, el relato del loco parecería calzar a pie juntillas. Es más, en Estado Unidos, Europa y Japón dichos eventos se han llegado a convertir en un asunto tan trivial como las riñas de cantina. Sin embargo, no todo embona tan exactamente en su sitio, la versión tiene su punto flaco, ¡joder!. Según el sistema de justicia mexicano, Luis Felipe Hernández no es un loco. Hernández es un delincuente y, como tal, un hombre dotado de personalidad jurídica, esto es, un ciudadano con capacidad mental suficiente para responder ante la norma legal. Curioso, mientras los medios de comunicación persisten en machacar sobre la versión del loco, la ley decide condenarlo a prisión, justo por considerar que Hernández… es un hombre cabal.

El reconocimiento explícito del procurador capitalino respecto a la capacidad mental de Hernández para enfrentar un proceso penal, nos coloca entonces ante una segunda disyuntiva, esto es, ante la posibilidad de que Hernández, más que un loco, pertenezca a la categoría de los outsiders. Aquí, Hernández ha salido por entero del entorno social, para colocarse ahora en una nueva posición de exterioridad, a partir de la cual logra mantener una visión panorámica de la circunstancias y hacer una valoración precisa acerca de las implicaciones que supone escribir sobre las paredes del metro:¡Gobierno de Criminales!. Si Hernández lo escribe, a pesar de todos los riesgos, es porque se encuentra absolutamente convencido acerca del carácter criminal de nuestros gobernantes, y si esto es así, es decir, si nuestros gobernantes efectivamente pertenecen al subgrupo de los criminales, entonces la reacción que Hernández deberá provocar, tendrá que estar acorde con la formulación de su propio diagnóstico. Imbuido en esta lógica, Hernández se dirige al metro (y no a otro lugar) porque sabe que es uno de los puntos más concurrido y vigilados del área metropolitana. Además, lo hace armado. Ni un ápice de credulidad, Hernández decide inscribir su leyenda justo al interior del Hocico del Lobo (en la gueule du loup, o mejor dicho, Il s'est jeté dans la gueule du loup). Su acto no es entonces, sino la invocación de todos los demonios ocultos, mismos a los que Hernández ha resulto enfrentar. Un primer policía lo intercepta, le exige que abandone su intención de pintar sobre el muro, discuten, forcejean, Luis Felipe Hernández dispara a quema ropa sobre Manuel Miranda, miembro activo de la Policía Bancaria e Industrial del Distrito Federal. Miranda muere instantáneamente. Un segundo policía se abalanza sobre él, luchan, el agente resbala, Hernández lo encañona, el policía consigue incorporarse y, acto seguido, correr por su vida. Poco tiempo después, Esteban Cervantes sale de uno de los vagones, trata de desarmar al agresor. Esteban viste de civil, es un civil, así se ha dicho en todas partes, la prensa mexicana en su conjunto, al igual que destacados intelectuales de ‘oposición’(8) , extienden de inmediato el corridillo acerca del ‘héroe-humilde-vestido-de-civil’, un relato redondo que trata sobre el ‘herrero-heroico’. Sin embargo, en su primera comparecencia ante los medios, siempre con el propósito de brindar la versión oficial sobre los hechos, Miguel Ángel Mancera, quien narra los acontecimientos conforme avanza el video tomado por las cámaras del metro, dice lo siguiente con relación al ‘civil’ Esteban Cervantes: “Este compañero civil (el señalizador electrónico operado por Mancera ilumina el cuerpo sin vida de Cervantes Barrera) también trabaja en la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal, que fue el que lo enfrentó. No es oficial de policía pero ahí…ahí presta sus servicios…”(9). Cuentan testigos presenciales que mientras Cervantes se arrojaba sobre la humanidad de Luis Felipe Hernández, éste le indicaba, una y otra vez: “No, con ustedes no es la bronca, la bronca es contra el gobierno”. A pesar de las numerosas advertencias, Cervantes, no sabemos si en su calidad de ‘civil-herrero-heroico’, o en su condición de empleado de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federa, vuelve a la carga hasta el momento mismo del fatal desenlace.

Mientras ambos se ocupaban en la mortal contienda, hasta ellos se aproxima otro hombre ‘vestido de civil’. Al igual que Cervantes usa pantalón oscuro y camisa blanca. Delfino Aguilar Martínez es su nombre. Llega hasta ellos, intenta neutralizar a Hernández pero no lo consigue, a cambio, recibe un impacto de bala en mitad del pecho que, para su fortuna, sigue una trayectoria en sedal para salir a la altura de la axila derecha. Flexiona las piernas hasta casi tocar con las rodillas el suelo, retoma la vertical, gira y se aleja tambaleante del agresor hasta salir de escena. Delfino narra de la siguiente forma lo sucedido: “Cuando yo veo al señor forcejeando con ese tipo del arma, lo que hago es…caminar por la raya de seguridad del metro, irme acercando poco a poco, lentamente, ¿no?, pa’l momento que yo lo tuviera lo más cerca que se pudiera, eh, dar el brinco y tratar de agarrarle la mano y quitarle la pistola, no sé...”(10). Delfino es una persona humilde, de actitud resuelta, y quizás, sólo quizás, empujado a la acción por la única fuerza de la solidaridad entre seres humanos. Sin embargo, según consta en el reportaje hecho por Mario Torres para Noticieros Televisa, Aguilar ha resultado ser, también, ‘trabajador administrativo’ de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal: “…Este empleado de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federa –asegura Torres- dijo que le molestó que el agresor hubiera disparado en contra de las personas…”(11).

De acuerdo con esta segunda versión, Luis Felipe Hernández ha dejado de ser solo un outsider, para convertirse en alguien con la capacidad de anticipa (correctamente) las consecuencias que desencadenarán sus propios actos y -a pesar de todo- tomar la decisión (suicida) de ‘ponerle el cascabel al gato’. Pero todavía más. La acción de Hernández revela, voluntaria o involuntariamente, las fuerzas a las que deberá enfrentarse un ciudadano, si en sus planes está transitar por el Hocico del Lobo, es decir, inscribir sobre los muros de cualquier lugar muy concurrido –y obligatoriamente vigilado- algo así como: ¡Gobierno de Criminales!.

Ya para finalizar, sólo quisiera hacer pasar al frente a uno de mis más caros y distinguidos amigos, se trata de Walter, judío él, quizás por eso me merezca todavía más admiración y respeto. Su apellido es Benjamin, Walter Benjamin su nombre completo. Pues bien, Benjamin se refiere así al significado de la violencia cuando ésta ha sido tomada en manos de quien prescinde del Derecho, es decir, por quien se ha saltado hacia el otro lado de las cosas y colocado, con ello, al margen de la norma legal:

“…Será necesario…tomar en consideración la sorprendente posibilidad de que el interés del derecho por monopolizar la violencia respecto a la persona aislada no tenga como explicación la intención de salvaguardar fines jurídicos, sino más bien la de salvaguardar al derecho mismo .Y que la violencia, cuando no se halla en posesión del derecho a la sazón existente, represente para éste una amenaza, no a causa de los fines que la violencia persigue, sino por su simple existencia fuera del derecho. La misma suposición puede ser sugerida, en forma más concreta, por el recuerdo de las numerosas ocasiones en que la figura del ʺgranʺ delincuente, por bajos que hayan podido ser sus fines, ha conquistado la secreta admiración popular…”(12)

He tratado de hacer aquí varias descripciones de un mismo hecho, con el único propósito de dejar a usted, distinguido lector,formular la (o las) conclusión(es) definitiva(s). Después de todo, casos como éste, en que la aplicación de toda la fuerza del Estado hace de su propio relato la verdad general, siempre vuelven a escena con un nutrido cargamento de nuevos personaje, peripecias… e insospechados desenlaces.





REFERENCIAS PERIODISTICAS Y BIBLIOGRAFICAS
(1)Milenio.com, ‘Desquiciado’, provoca balacera en Balderas tras hacer pintas: PGJDF, documento en línea, http://milenio.com/node/287955?page=1
(2)sdpnoticias.com, Asesino de metro Balderas es de Lagos de Moreno, Jalisco, asiduo lector de la Biblia, documento en línea: http://sdpnoticias.com/sdp/contenido/2009/09/19/494143)
(3)Milenio Televisión, Programa ‘En 15’, Carlos Puig, video en línea:
http://www.milenio.com/portal/
(4)PGJDF, “Destina el GDF más de 23 mil millones de pesos a Seguridad Pública y Procuración de Justicia para 2009”, documento en línea: http://www.terra.com.mx/articulo.aspx?articuloId=762340
(5)WEB Report GDF, 28 de febrero de 2009, “El Distrito Federal Tendrá más de 10,000 cámaras de vigilancia en el 2011”, documento en línea: http://www.portalautomotriz.com/content/2/module/news/op/displaystory/story_id/6782/format/html/
(6)La Crónica, “La ‘Policía de Civil’ de la SSP iniciará con 400 elementos”, documento en línea: http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=378221
(7)Noticieros Televisa, “Policía que detuvo al atacante del Metro Balderas”, documento en línea: http://www2.esmas.com/noticierostelevisa/investigaciones-especiales/098903/el-policia-detuvo-al-atacante-del-metro-balderas
(8)Carlos Monsivais, “Los Héroes en México”, Noticieros Televisa, video en línea: http://www.tvolucion.com/noticieros/en-la-opinion-de/carlos-monsivais/043621/en-opinion-carlos-monsivais
(9)Milenio.com, “Imágenes de la balacera en Balderas”, video en línea: http://www.milenio.com/portal/tv_news.php
(10) Noticieros con Joaquín López-Dóriga, “Herido en el Metro Balderas, narra su experiencia”, video en línea: http://www.tvolucion.com/noticieros/noticias-y-reportajes/043718/herido-metro-balderas-narra-experiencia
(11)Noticieros con Joaquí López-Dóriga (Ibidem)
(12)Walter Benjamin, Para una Crítica de la Violencia, Ediciones Electrónicas de www.philosophia/ Escuela de Filosofía, Universidad de ARCIS.
EL MARGEN

jueves, octubre 02, 2008

Ecnomía Casino y Estado de Excepción

El Margen


Economía Casino y Estado de Excepción
Salvador Rivera
De acuerdo con informes estadísticos más o menos confiables, es posible suponer una estrecha relación de causatividad entre los así llamados “juegos de azar” y el uso de la violencia extrema. Así por ejemplo, según estudio publicado por la Review Economics and Statistics, para el años 2007 la proliferación del juego de casino en Estados Unidos habría traído aparejado un aumento de los casos criminales hasta del 8%.

El juego de casino, además de ser una práctica humana extraordinariamente lucrativa, constituye el espacio económico en cuyo interior el dinero cobra plena autonomía. Un poco de dinero basta. Sin el concurso de mediación alguna (fábricas, empleados, infraestructura productiva, instituciones educativas, centros de innovación tecnológica, etc., etc., etc.,); desde este insignificante mazo de dinero emanará –si se corre con suerte- miles, millones, miles de millones de veces su propia cantidad original, y todo, por intermediación de un “dado”. Es, el juego de casino, un acto de magia: D-D’, es decir: dinero que produce más dinero.


Michael Hudson, un economista que trabajó durante varios años en la Wall Street además de especializarse en asuntos relacionados con balanza de pagos y bienes inmobiliarios, nos explica cómo es que funciona la economía de casino. Hay, nos dice, una mesa en el casino, una mesa reservada para los muy ricos y la banca de inversión; en dicha mesa, todo el dinero que se juega es prestado. Enormes sumas de dinero que se toman de los prestamistas (ahorro bancario para la jubilación y la vivienda, principalmente) son destinadas para la conformación de un “fondo de libre inversión” o “fondo hedge”, que a su vez, sirve para respaldar todas las apuestas de los participantes y garantizar, si se da el caso, disposición ilimitada de crédito. Pero, ¿cómo y qué se apuesta en la mesa de los super-magnates? Bien, cada participante cuenta con un selecto equipo de matemáticos que sirve de programador computacional para minimizar riesgos en el peligroso campo de las apuestas cruzadas (straddles). Apuestas cruzadas que se hacen, no, desde luego, sobre la producción de bienes y servicios o la adquisición de activos reales, sino que, muy por el contrario, única y exclusivamente sobre el comportamiento de las tasas de interés, las diferentes tasas cambiarias y el precio de las acciones y las obligaciones (o los precios de las hipotecas empaquetados por los bancos). Este juego, advierte Hudson, se desarrolla en milisegundos, como fogonazos en pantalla, prácticamente sin intervención humana. “Lo único que importa es ganar dinero, en un mercado en el que el grueso de las operaciones comerciales dura apenas unos segundos. Lo que genera ganancias es la fibrilación de los precios, su volatilidad” (Hudson, Michael, 2008a).


Se trata pues de un juego Suma Cero. Tal y como los mercantilistas de los siglos XVI y XVII, quienes operaban a partir del supuesto que toda riqueza estaba contenida de una vez y para siempre en la dotación de metales precioso, los tahures del casino Wall ven en el dinero, pero más particularmente, en la anticipación de sus erráticos movimientos, la fuente originaria de toda ganancia. Es el “fibrilar de los precios”, su extremada “volatilidad”, lo que configura el entramado de los beneficios, por lo que, para hacerse de ellos, no basta con una “corazonada” al estilo de los viejos industriales de la época del baby boom, sino que hará falta ahora la intervención de super-computadoras con capacidad de efectuar los cálculos de distribución de probabilidad matemática a partir de la observación de variaciones ínfimas en las tasas de interés, las diversas paridades cambiarias, así como de los precios de las acciones.

Desde luego que el tahur no se conforma con el simple papel de espectador. El tahur hace, a partir de sus propios cálculos, todo lo que esté a su alcance por modificar a su favor el comportamiento de los precios y variables clave de la economía, con el propósito de ganar él y hundir al oponente, o si se prefiere, de hundir al oponente para ganar él. Porque la disposición del juego de casino es la misma disposición que conlleva la guerra: la victoria de una de las partes exige, necesariamente, la supresión de la fuerza antípoda. No existe forma de incrementar la ganancia sino es a costa del despojo de la ganancia ajena. La violencia pues, es parte del juego. Aquí, sin violencia expropiatoria no puede haber ganancia.


Pero éste, en realidad, es el fin del relato. La historia se remonta tanto tiempo atrás, como desde el día en que el primer capitalista quiso imaginar que sus ganancias, más que descansar sobre la apropiación del trabajo ajeno, provenían, íntegras, de la remuneración que la sociedad debía pagar por concepto del riesgo implícito de su propia inversión. Así, mientras más inexplorado y por ello, más atractivo el campo de transacción, mayor debería ser el riesgo, mayor la velocidad de reembolso y, mayor también, la tasa de ganancia. Desde la producción de bienes y servicios en tiempo presente, los capitales se desplazaban al terreno de los préstamos con interés; de aquí, hasta la adquisición de activos reales; después, hacia la compra y venta de bienes, servicios, préstamos, deudas y activos en tiempo futuro; más adelante, hacia la apuesta sobre la oscilación en las tasas de interés y los tipo de cambio (carry trade); para al final, jugar capitales sobre el comportamiento de las acciones y los precios, pero ahora, sobre “productos” apenas expresable en palabras, se trata, nos dice Hudson, de algo que no pude ser definido ni como capital tangible, ni como capital financiero, sino como opciones de estrategia bursátil sobre operaciones de compraventa cruzada de valores (Hudson, 2008b. Es decir, inversión con fondos “prestados” sobre simulacros de valor, inmensos apilamientos de apuestas sobre apuestas que dan como resultado “productos altamente sofisticados y automatizados”, cuya naturaleza última resulta ser un misterio absolutamente impenetrables hasta para los propios inversores.


Una expansión del capital que termina por abarcarlo todo. Los espacios de lo real y de lo irreal, hasta sus más insospechados intersticios, son incluidos, tasados como mercancías y puestos para su exhibición en los minimalistas aparadores de la Matrix. Tal como en el Barroco, donde una buena parte del imaginario precapitalista habría sido convertido en piedras para su posterior adoración, la expansión del capital durante la era posmoderna ha significado un vaciamiento, la constitución de un lugar en el que “...el más allá queda vaciado de todo aquello en lo que aún se manifiesta un mínimo respiro del mundo” (Benjamín, W., 1990). Y un lugar desprovisto de más allá en el que por añadidura, la única fuente de riqueza descansa sobre la práctica desenfrenada del pillaje, no podrá ser viable sino a condición de desenvolverse en el vacío, pero esta vez, en el vacío jurídico, lo cual quiere decir: estado de excepción.



Cuando en le año de 1933 Franklin Delano Roosevelt asume la presidencia de los Estados Unidos y encara la crisis bursátil del 29, lo hace investido de un poder ilimitado de reglamentación y de control sobre cualquier aspecto de la vida económica. En este sentido, el poder soberano del presidente se funda esencialmente sobre un estado de excepción ligado a una situación de emergencia económica (Agamben, G.). Pero no es, desde luego, que el estado de excepción se haya decretado a partir del arribo de Franklin Delano Roosevelt a la presidencia de los Estados Unidos, ni resultado, tampoco, de una “técnica” circunstancial para enfrentar la crisis bursátil del 29; el vacío jurídico habría sido justo el escenario al interior del cual el sector financiero norteamericano consuma su máximo despliegue, todo, durante las tres primeras décadas del siglo XX. Franklin Delano Roosevelt no hacía, con la promulgación del New Deal (curioso, la traducción al español puede tomarse como: reparto de nuevas cartas) sino formalizar una condición de estado de excepción (económico) que había prevalecido durante un largo periodo. Baste decir que el programa económico defendido por Roosevelt hasta poco antes de estallar la crisis, consistía en cuatro puntos extraordinariamente sugerentes, a saber: reducción sustantiva del gasto federal (hasta del 25%), presupuesto equilibrado, dólar respaldado por las reservas de oro y fin de la intervención del estado en los asuntos exclusivos del sector privado. Y es que Franklin Delano, hijo de James, vicepresidente a la sazón del ferrocarril de Delaware y Hudson, sabía bien que el único escenario capaz de garantizar las “transferencias de riqueza” desde el ámbito de lo común hacia las arcas privadas, no podía ser otro que el escenario de estado de excepción, el mismo en el que su padre James, barón de los ferrocarriles, habría sido favorecido por la asignación de tierras durante la Guerra Civil.

En estos días el Secretario del Tesoro Henry Paulson y el Presidente los Estado Unidos George W. Bush han pedido manos libres al Congreso para operativizar el más cuantioso e inequitativo traslado de riqueza del que se tenga memoria, el cual consiste, poco más o menos, en la disposición de dineros públicos por 700 mil millones de dólares, con el propósito de adquirir activos dañados de empresas financieras y liberar a los mercados de capital. Para ello, la primera propuesta legislativa elaborada por Departamento del Tesoro exigía que la compra de "los activos en dificultades de todas las instituciones financieras… [se haga] en los términos y bajo las condiciones que determine el Secretario (Paulson)", además que sus decisiones "no podrán ser revisadas por ningún tribunal de justicia ni por agencia pública alguna”. En la madrugada del domingo 28 de septiembre se anunció el acuerdo entre el Congreso y el Tesoro sobre el proyecto de “Ley de Estabilización Económica de Emergencia 2008”, en donde se autorizaba el paquete de rescate, pero bajo la condición de imponer ciertos candados al poder ilimitado del secretario Paulson. Acto seguido, la tarde del lunes 29 de septiembre, la cámara baja rechazó por 228 votos contra 205 a favor la iniciativa de ley a partir de dos argumentos, por una parte, el que sostiene que su aprobación no haría sino incrementar la intervención del estado en la economía (republicanos), por otra, el que reconoce como inaceptable recargar el peso del traslado sobre las espaldas de los contribuyentes (demócratas). Hay quienes ven en este desacuerdo la respuesta adaptativa del legislativo frente a la creciente inconformidad de la ciudadanía y sus posibles impactos sobre la próxima contienda electora. Nada más equivocado, la desaprobación del Congreso poco tiene que ver con los gustos y las preferencias de los votantes, representa, por el contrario, la primera manifestación explícita de lo que Mario Rivera define como “la continuación de la economía por otros medios”, es decir, la guerra declarada entre tahures. Cuando el dinero o la ganancia se convierte en un “recurso escaso”, toda vez que el juego en el que se participa es del tipo Suma Cero, entonces el cuchillo (exactamente el mismo que usara Mack… the knife) sustituye toda posibilidad de acuerdos. En este sentido, y en el entendido que la Cámara Baja terminará por aprobar el “salvataje”, el colapso bursátil se ha convertido ya en una crisis de contenido político en tanto las decisiones del ejecutivo y el congreso deberán tomarse, a partir de ahora, en contra de la absoluta mayoría de la opinión ciudadana, en beneficio de la minoría apostadora, y desde un espacio de poder fuera de la norma constitucional pero construido a partir de leyes y decretos de “emergencia”. Por tanto, con o sin acuerdo de la Cámara Baja el despojo se consumará a partir, justamente, de este espacio de poder paralelo y extra-legal, lo que significa el ingreso a un era de expropiaciones a gran escala en un contexto de estado de excepción. Violencia indiscriminada a partir de un juego Suma Cero.

Ya para finalizar, sólo quisiera traer aquí a colación las palabras de Giorgio Agamben en su interpretación de la octava tesis de Walter Benjamin sobre la teoría de la violencia: “[en el lugar del estado de excepción] se sitúa ahora la guerra civil y la violencia revolucionaria, es decir, una acción humana que ha suprimido cualquier relación con el derecho”... Cosa que para la situación mexicana y dicho en palabras estrictamente jaliscienses: Pa’ los toros del Jaral, los caballos de allá mesmo.

Agamben, Giorgio (2004), Estado de Excepción, Adriana Hidalgo, México.
Benjamin, Walter (1990), El Origen del Drama Barroco Alemán, Taurus, España.
Hudson, Michael (2008a), “El rescate de todos los rescates: golpe de Estado cleptocrático en Estados Unidos”, Rev., Sin Permiso, Argentina, http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=2067.
Hudson, Michael (2008b), “Rescate de los ricos: macarrones, queso y salchicha para el resto”, Bol Press, Argentina, http://www.bolpress.com/art.php?Cod=2008092507&PHPSESSID=ddb3f428efe508198bb45bf6568cdf25

domingo, septiembre 07, 2008

Seguridad y Estado de Excepción

Seguridad y Estado de Excepción

Salvador Rivera

Un señor de nombre Giorgio y apellido Agamben asegura que: en la casi totalidad de las así llamadas "democracias occidentales" , la declaración formal de Estado de Excepción ha sido sustituida por una generalización sin precedentes del paradigma de la "Seguridad". En esta lógica, el clamor de "Más Seguridad" alentado desde las más altas esferas del poder político-económico mexicano, debería ser re-codificado en su sentido original, en su real significado: "¡Impongamos Estado de Excepción!" (véase, por ejemplo, el articulo de Néstor de Buen: "¿Guerra Civil?" en La Jornada del 31 de agosto, 2008).


Cuando Marcelo Ebrard, Ulises Ruiz, Mario Marín…y Felipe Calderón ponen en el centro de sus respectivos programas y acciones de gobierno la expansión sin límite del dispositivo policiaco, lo que en realidad hacen no es, desde luego, procurar el bienestar común por conducto de la consagración del Derecho sino que, por el contrario, suspender toda normatividad jurídica con el objeto de aplicar La Ley . Es en este punto que el derecho deja de ser capaz de preservar el interés común para empezar a hablar en nombre la oportunidad. Pero ¿Qué Ley es ésta que pretende ser aplicada por conducto, precisamente, de su propia suspensión?: Esta Ley es La Ley de la Necesidad... La ley que asegura la acumulación capitalista a gran escala por conducto de la violencia extra-legal. Se trata, en suma, de dejar de lado toda restricción impuesta por La Ley, a través principalmente de la emisión de reglamentos y decretos, con el propósito de hacer cumplir la (otra) ley… la ley del capital.


Miles de indocumentados de origen centroamericano pasan diariamente hacia territorio nacional a través de la frontera con Guatemala, con este acto los migrantes pierden toda calidad jurídica frente al Estado mexicano, para convertirse, de golpe y porrazo, en hombres y mujeres NADA. Son hombres y mujeres Nada frente a la ley, pero están de cuerpo presente para ser traficados en calidad de esclavos. Traficados, negociados, vendidos en tanto fuerza de trabajo, pero también en cuanto cuerpos, vísceras, órganos, carne y huesos. La "inseguridad" del migrante es, en este caso, el elemento clave a través del cual se garantiza la "seguridad" del negocio. Los miles de policías y militares encargados de la "seguridad", es decir, de custodiar los "flujos", no están ahí con el propósito de impedir la violación a los "derechos fundamentales del hombre" sino que, por el contrario, justo para perpetuar su violación sistemática y sin trabas. Pero ¿Qué es lo que ha hecho posible la militarización del fenómeno migratorio?, desde luego: su previa Criminalización. Los migrantes ilegales, desde esta perspectiva, no son hombre y mujeres que, a su paso por México, desempeñan labores productivas en actividades diversas: industria, agricultura, obras de construcción, servicio doméstico, comercio, etc. Los migrantes son criminales, son "maras". Paradójico, son criminales ante la sociedad, pero hombre y mujeres desprovistos de toda calidad jurídica frente al Estado. Hombres y mujeres que desempeñan actividades productivas pero que están, a su vez, abandonados por la ley. Son bandoleros…pero bandoleros que, otra paradoja, trabajan en beneficio de nuestro caritativo-humanista-blanco empresariado mexicano. En esto consiste el verdadero significado de la palabra "Seguridad": fundación de espacios en los que el capital logra ejercer dominio sobre el trabajo y los cuerpos en ausencia de todo marco jurídico. Los Volkloser Raum, los espacios sin pueblo de Adolfo Hitler, lugares en donde los pueblos son estratificados en diferentes grupos y sub-grupos, y estos, a su vez, reducidos a la expresión mínima de “ilegalidad”. A esto se le llama Estado de Excepción, a esto se le llama "Seguridad": La nueva y cómoda morada del Capitalismo Global.

domingo, septiembre 16, 2007

Los (otros) Gritos

El Margen XLVI

Los (otros) Gritos

Texto y Foto:Salvador Rivera
Colaboración: Susana Garduño
Todo es, o mejor, se describe o aprehende, de acuerdo a la forma y color del cristal con que se mira, y esta pos-moderna obviedad sólo quiere decir que los ojos tras los que observo ahora no hacen sino intensificar en la oscuridad la luz, resaltan el contorno de las figuras patrias y rellenan los huecos con tonalidades verdes, algunas veces rojas y otras blancas. Es decir, son ojos especialmente diseñados para discriminar, en mitad de la más cerrada noche mexicana, en medio del ocultamiento provocado por el festín de El Grito, la persistencia de un patrón endémico, a saber: la algarabía del miedo.


Es el pueblo de Tlalpan, el lugar de las fincas con los patios y huertos más extravagantes durante la Colonia; lugar en el que se paseaban las señoritas más finas, más afrancesadas de la época porfiriana, y por ello, se dice, el lugar más frecuentado o acechado por nuestro caballero y príncipe, rey del engaño, nuestro sacrosanto señor: Don Chucho el Roto. Aunque él, necesariamente, oriundo de la Candelaria de los Patos o la Santa María la Redonda. Vaya usted a saber, la cosa es que Tlalpan, muy a pesar del acoso Chichimeca, ha sido siempre el lugar de la calma, el sitio, por ejemplo, de los hospitales con los bosques y jardines más extensos.




Encinares bajo cuya fronda crujen las hojas secas ¡cronch! ¡chroch!, praderas manchadas por rocas negras salidas de algún volcán y un sinfín de borreguitos blancos, y otros negros: sosiego, tranquilidad, moderación, mesura, calma… Sólo para que los tísicos y los leprosos lograsen conquistar la santa sanación. Los leprosos, se sabe, gracias a los maravilloso influjos de los vientos venidos del oriente: desde el Golfo de México. Los locos, en cambio, por efecto exclusivo de la contemplación o el bálsamo del silencio. El sitio de las aguas mágicas, de la Fuentes Brotantes. Entre los paisajistas del siglo XIX: veta de inspiración para el trazo de sus mejores óleos; entre los jefecillos del siglo XX: el lugar predilecto, por escondido, para llevar a sus secretarias a beber y después, como parte del estímulo laboral, a coger….


Ya en el centro, una plaza con fresnos y jacarandas, un templo parroquial del XVII, un edificio, sede de la administración local, inspirado en el estilo neoclásico pero construido de acuerdo a las normas del provincianismo burgués del siglo XIX, un kiosco circular con olor a meados, tres bustos erigidos a la memoria de otros tres personajes irreconocibles. ¡Ah!, y un tronco seco con 5 ejecuciones por ahorcamiento a su favor:

NOMBRE DE LOS PATRIOTAS QUE FUERON AHORCADOS EN ESTE ÁRBOL

Coroneles

Dr. Felipe Muñoz
Vicente Martinez

Mayor

Manuel Mutio
Capitán
Lorenzo Rivera
Teniente
José Mulio

Tlalpan D.F 1865-1940

Así reza la inscripción en piedra que descansa a su lado.

Treinta años, hace cosa de 30 años que llegué a Tlalpan y el pueblo, desde luego, era muy otro, es decir, un lugar mucho más emparentado con la vida campesina del viejo Xochimilco que con la norma modernista canonizada por los intelectuales de CU. El cura era el cura, el médico el médico, el profesor el profesor, el Catrín: Catrín, la Catrina: Catrina… “¡El Alacrán! ¡La Sirena! ¡El Diablo! ¡La Campana! ¡la Estrella!…¡Looooootería!”


Y bueno, la Jalisciense, que duda: ¡Jalisciense! Por cierto, una de las cantinas escogidas por Don Renato Leduc, sólo para repetir entre la concurrencia, una y otra vez, una y otra vez: -“Aguadas me gustan más porque me lastiman menos”. Y créame usted, de veras, nunca de los nuncas supe yo a cuál de todas las aguadeces quería referirse el tal poeta don Renato.



Los Portales de ahora, con su “1900”, el “Café la Selva”, “Goliardos”…no eran sino lúgubres colchonerías con olor a Pápalo-quelite: los reductos últimos de la República Española. Por entre los barrotes de todas las ventanas de todos los inmensos hospitales psiquiátricos de la zona, asomaban los rostros empolvados de las locas: “Hola chulo ¡Ey tu! no te hagas. Dame un quico, anda, sólo uno, y mi felicidad serán tus celos…” Había, además, un silbido persistente, el del afilador; una heladería: La Michoacana; una bonetería tras cuyo mostrador atendía siempre la señorita con las mejillas y labios más purpúreos, el vestido de tul con tonos más rosados y las zapatillas de ballet con las cintas más celestes: tal como una muñequita de pastel, pero con algo más de 70 años a cuestas.



En realidad, pienso ahora, en aquel Tlapan-añejo sólo habría hecho falta un melancólico organillo en mitad de la plaza, una gran zapatería en la calle de Hidalgo, dos o tres millones de moscas verde-azules, un caballo blanco y una pulquería para que, sin duda, el ritmo de la vida pudiese asemejarse al infame, nauseabundo fastidio que priva, por ejemplo, en Pénjamo, Guanajuato: La Perla del Bajío.


Sobre la calle de Moneda hay una hilera de puestos improvisos desde donde 40 cocineras gordas y sudadas, ofrecen otras tantas gordas, aunque éstas de maíz sudado, pero ahora de manteca. Ofrecen quesadillas, también, bañadas en sudor y en algo de manteca, a un tumulto inmenso de clientes potenciales. Son, en su mayoría, los gordos niños con sus obesas madres quienes demandan más, los que compiten con mayor ardor por la fritanga. Se apiñan, codean, muerden, escupen a sus vecinitos; arremeten, con todo su peso, en contra de las otras madres, mujeres corpulentas que tratan, a su vez, de impedir la embestida infantil restregando sus gruesos culos sobre los rostros tumefactos de los gordos niños Se trata, sin duda, de una contienda infame, pero igualmente, de una batalla tan sorda y tupida como sólo los espíritus de la clase media podrían llegar a protagonizar: la vida por un lugar, un puesto o una posición desde donde la conquista de un pedazo de algo deje de ser mera ilusión, un puro sueño. Mientras, a lo lejos, los padres observan, callan y comen. Se trata de un numeroso grupo de hombre adultos, cuyos atuendos deportivos, el uso de gorras con visera, la exhibición de teléfonos celulares y el modo sui géneris de indicar con las llaves del auto entre las manos, meciendo, haciendo del manojo castañuelas: “tin-tin” que no, “tin-tin” que no, “tin-tin” que no soy indio. “Tan-tan” que siempre hubo, “tan-tan” que siempre hubo “¡Tan!”, una tatarabuela de castilla “¡Tan!”, una tatarabuela de castilla “¡Tan!”, y eso ¡carajo! Sólo para empezar “tan-tan”. Un abuelo francés, “tan-tan” ¡Sí! El abuelo francés “¡Tan!”, el de los Pirineos “¡Tan!”, con sus ojos azules “¡Tan!”, con su barba cerrada “oui-oui” y eso “¡Tan!”, sólo pera seguir “tin-tin””. Y mis dos primos Belgas “¡Tin!”, y mi tía la italiana “¡Tin!”, y eso “¡Tin!”, y eso “¡Tin!”, sólo para terminar “tan-tan”. Pero nunca-jamás ¡Virgen María!, de la región tarasca u otomí, ni mucho menos de la zona mazahua o tlaxcalteca.




Paso doble andaluz más las pulseritas plásticas de color amarillo, las “cangureras”, los pupilentes flamígeros de las hijas, la cadenita guadalupana y la enorme variedad de cámaras digitales, irremediable, inevitablemente los delata como un grupo de visitantes, inmigrantes temporales venidos a Tlalpan, todos, desde los palacetes, también plásticos, de Villa Coapa.


Es el mismos tumulto que mañana, en sincronía con la salida del sol, iniciará otro más de sus desplazamientos cíclicos en dirección a Cuernavaca, Cuautla, Tepoztlán y Oaxtepec. Como una marabunta que devora a su paso todo lo comestible, el hormiguero motorizado se habrá de desplegar por toda la extensa red de caminos vecinales, siempre en busca de más…y siempre más.



Curioso, una buena cantidad de gordos niños vienen atados de los antebrazos por correas retráctiles que, en apariencia, son controladas a distancia por un pequeño contingente de chachas uniformadas. Pero ésta es sólo la apariencia, en realidad, son las chachas las que salen a la plaza amarradas a los niños. No vaya a ser que la cohetería y el alboroto logren desatar en ellas, la peregrina idea acerca de que la independencia es, también, un asunto de sirvientas, y así, a la manera de las negras cimarronas que alguna vez huyeran hacia lo profundo de las montañas veracruzanas, decidan, las chachas, correr en busca de su propia libertad, ¡Uy, que espanto! Y es que pasado un tiempo, las exchachas transformadas en madres, fieras enloquecidas por el hambre del crío, podrían regresar sobre sus propios pasos con el turbio propósito de saldar algunas cuentas, ciertas facturillas de clase sólo canjeables por el valor, a precio de quirófano, de un riñón infantil con su juego de córneas, y también, por qué no, de un corazoncito palpitante. Quizás por ello, sólo quizás, únicamente salgan a pasear como pasean las perras: bien amarraditas… de las trompas.




El reloj que corona el frontón central del palacio marca las 10:55 de la noche; 196 años y 364 día después de haberse dado el verdadero grito, pero 8 horas y 5 minutos antes, porque resulta que el de Hidalgo, según consta en la página 3,928, volumen 7 de la Enciclopedia de México, no se dejó escuchar sino hasta las 6 de la mañana del 16 de septiembre.



Dicen los que saben que eran 56 los años que tenía el cura Hidalgo cuando resolvió gritar en contra de una posibilidad mayor: el peligro de que la Nueva España, con todo y sus apacibles atardeceres, sus extensas llanuras sólo pobladas por indios y caballos dóciles; de que la Nueva España pasase, de súbito, a engrosar el inventario imperial de Napoleón Bonaparte y precipitar, con ello, su propia condición de colonia periférica hasta el ojo mismo del huracán positivista, racional, certero, calculador y protestante del siglo XIX; hasta las más insondables profundidades del siglo del vapor, del valor mercantil, del ferrocarril, de la especulación inmobiliaria y de la luz…eléctrica. Hidalgo, ante el abismo modernizador, frente a la tentativa avasallante del capital industrial, también global, gritó, pero gritó, que duda, de puritíto miedo.


Es la hora, por fin, y todos gritan, el cielo de Tlalpan se enciende como un vitral de luz. Quizás pretendan conjurar, con ello, la avalancha de lavadoras chinas que muy pronto vendrán a desplazar a las sirvientas indias. Y es que la eventual liberación de las mucamas, la ciudadanización de la gatas, pues, es un tema que preocupa a los visitantes de Coapa, un asunto patrio, un tópico de seguridad nacional. Podrían las chachas, después de todo, regresar sobre sus propios pasos y convertirse, por cuenta de exigir el reembolso de un adeudo inmenso, en las futuras heroínas que al final nos legarán la verdadera patria, tan rejuvenecida y confortante como la vieja Europa después de las sangrientas invasiones bárbaras del siglo V. Bendita globalización, sólo por eso. Bendita seas.





Es decir: ¡Bendita Seas!